Ampliando el libreto del continuismo

POR RAFAEL TORIBIO
Como maestro del continuismo, al Dr. Joaquín Balaguer le cabe el honor de haber sido quien más ha aportado al manual de cómo lograr ser reelecto, aunque debemos reconocer que los gobernantes que han tomado la decisión de “no bajarse del palo” han hecho aportes dignos de tenerse muy en cuenta. Con las sugerencias de algunos de los lectores de esta columna, vamos a ampliar el libreto que debe seguir el gobernante que piensa que lo mejor es “seguir a caballo”.

Desdeñando que hay problemas nacionales cuya solución sólo se logra a mediano y largo plazo, siempre que se mantenga la voluntad política en esa misma dirección por un período de tiempo considerable, y que a cada gobierno le corresponde mantener esa direccionalidad en el período que administra el Estado, los defensores del continuismo defienden que los cuatro años establecidos para cada gobierno no permiten concluir iniciativas importantes, ni resolver los graves problemas del país. Por eso se necesita, al menos, otros cuatro años más. Lo problemático es que como nunca el tiempo será suficiente, se pretende justificar, y tratar de conseguir, entonces la continuidad en el poder por el mayor tiempo posible.

Cuando soplan los vientos de campaña reeleccionista hay que desestimar abolir o disminuir los subsidios, aunque se haya contraído ese compromiso, incluso con el Fondo Monetario Internacional. Como no es una medida popular, que puede reducir las posibilidades de continuar en el poder, se deja para otra ocasión, se espera, cosa que ya ha ocurrido, la “comprensión” de Fondo. En vez de abolirlos o reducirlos, lo recomendable es mostrar una gran generosidad con los grupos sociales o económicos que solicitan la asistencia económica del gobierno ante dificultades en sus actividades empresariales, como puede ser el caso de los choferes o los productores de huevos, pollos y cerdos.

La suspensión de la aplicación de normas y posposición de medidas es otra de las recomendaciones del manual: toda decisión o medida que tenga un costo político, se deja para después. Se aconseja, además, atender hasta las demandas más descabelladas, bajo el entendido que lo que interesa es sumar, no restar. Las consecuencias de esta irresponsabilidad no deben ser motivo de preocupación, pues si se gana habrá tiempo para intentar enfrentarlas y, si se pierde, entonces a otro le tocará hacerlo.

Como hay que aprovechar todas las posibilidades para promover la continuidad en el poder, toda actividad de gobierno tiene que transformarse en un acto de la campaña por la reelección. Las inauguraciones de obras se posponen o aceleran para que cumplan este cometido y el cumplimiento de compromisos postergados, hasta llegar al pago de deudas, se presentan como una evidencia de que se le debe renovar el mandato al gobernante.

Cuando se persigue continuar en el poder convienen las visitas a distintas comunidades del país, abarcando las más prósperas como las más empobrecidas. En cada una de ellas hay que mostrarse generoso acogiendo las peticiones de obras que hacen mucho tiempo esperan ser realizadas y ofreciendo la realización de otras nuevas, aunque los recursos requeridos para realizarlas no estén contemplados en el presupuesto nacional que se ejecuta.

La sustitución de prioridades declaradas, muy normal por cierto en todos los gobiernos, argumentando la escasa disponibilidad de recursos, cobra ribetes de lo insólito cuando se persigue la reelección: los esfuerzos y los recursos solamente aparecen para asuntos que tengan una rentabilidad política a corto plazo. Por eso, cuando se está en aprestos continuistas los recursos para educación y salud son escasos, mientras que para otras prioridades son abundantes.

En un pueblo que en su inmensa mayoría profesa una creencia religiosa, la decisión de continuar en el poder aconseja presentarse como una persona también creyente y, si es necesario, hasta devota, aunque hasta ese momento se haya hecho gala de un liberalismo que lo presentara, al menos, como agnóstico. Recurrir a Dios, y hasta a la Virgen de la Altagracia, es recomendable. Maquiavelo se preguntaba por qué el gobernante debía presentarse como indiferente a la religión que profesaba la mayoría del pueblo.

Cosas como las señaladas las hemos visto en el pasado, las vemos en el presente y, lamentablemente, parece que las seguiremos viendo en el futuro. Cuando se opta por el continuismo la historia política nacional es suficientemente rica en mostrar las lecciones que debe ser seguida para lograrlo. En esta materia tenemos ilustres maestros que son seguidos por quienes convertidos en sus discípulos ponen en práctica sus enseñanzas.

rtoribio@intec.edu.do