Ampliar el Superpacto Fundacional “Leonel-Miguel”

Así, con los nombres que sus padres les pusieron cuando les echaron agua en las pilas bautismales, debe llamársele a un acuerdo más bien prehistórico, en tanto que nos retrotrae a los tiempos anteriores a las instituciones y a los apellidos, en los que era la voluntad de unos cuantos lo que bastaba para fundar la sociedad y el Estado. No obstante, el pacto se puede aceptar como oportuno y beneficioso, por lo menos en el corto plazo, pues nos saca de un proceso que se estaba haciendo demasiado conflictivo, tranquiliza el proceso político y unifica las fuerzas principales  para así evitar que la crisis económica se haga inmanejable,  permite un proceso de reforma constitucional más expedito y  minimiza la beligerancia de una parte muy ruidosa del tigueraje político.

Existe una oportunidad histórica de que sus actores retomen y completen una serie de asuntos básicos, de mayor profundidad y más largo alcance. Por ejemplo, acuerdos mínimos sobre el manejo de la corrupción, sin que seamos irrealistas y demasiado ambiciosos en ese respecto. El alto nivel de delincuencia de cuello blanco obstruye los mecanismos de la justicia, pero los dos nuevos y únicos jefes políticos del sistema sí tienen, según están demostrando, capacidad para motorizar un programa de desmonte de la corrupción, que sea gradual pero firme. Dicho plan o programa deberá buscarles un bajadero a funcionarios actuales, asegurarles la no persecución a condición de que abandonen determinadas prácticas, que transparenticen sus bienes y los de sus familiares, y se concentren en realizar con diligencia y honestidad sus funciones.

El pacto debe asegurar, además,  el no uso del erario en la campaña política, el saneamiento de la administración pública y la aplicación de los reglamentos del servicio civil y militar. Realizar la reconversión de la burocracia estatal, para que se racionalice el empleo, poniendo al personal excedente en donde puedan realizar actividades productivas, como verdaderos servidores del bienestar social.

Un tercer punto debe ser sobre sus respectivos partidos. Establecer prácticas anti clientelistas, y normas para la recaudación de fondos, particularmente, que eviten los dineros del narco y de empresarios inescrupulosos que pretendan ganar tratos privilegiados.

Un plan nacional de desarrollo económico y de redistribución de la riqueza sería una meta de esas negociaciones. Puesto que, en definitiva, se trata de un pacto de fundacional, un acto primigenio, preconstitucional, en el que individuos se juntan para fundar de nuevo el Estado. En este país, lo malo puede, como parece  ser el caso, engendrar lo bueno. Ampliar el Superpacto Fundacional “Leonel-Miguel”

El pacto debe asegurar el no uso del erario en la campaña política