Ampliar la lucha contra el narco

La creación reciente e inesperada de una resonada unidad policial anti-narcóticos causó  más preocupación que júbilo porque podía interpretarse como una decisión unilateral, poco calculada, con el potencial de hacer regresar el país a tiempos idos de malas prácticas en la persecución de unos delitos de sensibles repercusiones sociales. Conscientemente cabe reconocer que las autoridades superiores de esta nación jamás estarían dispuestas a correr ese riesgo.

En otro orden, la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) siempre ha sido un organismo ad hoc compuesto por guardias y policías. La índole, naturaleza y cultura de los hombres de uniforme siempre ha estado en sus filas y contra las desviaciones operativas que eso pueda causar en ocasiones, regularmente  han estado firmes los comandantes  de la entidad con actitudes, incluso, intransigentes ante las infiltraciones y componendas con el poder del narcotráfico, que siempre se han dado. El gobierno debería ser más expresivo y colar claro el café, porque se entiende (aunque falte subrayarlo) que las autoridades a lo que aspiran es a conjugar factores y ampliar el involucramiento de efectivos en el combate al narcotráfico porque es un fenómeno que crece y ya no basta con lo que hace la DNCD.

 

Grandes causas de la nación

Es cierto que en las expectativas sobre  eventualidades vinculadas a resultados electorales, un buen número de inversiones de corto plazo sufre algún grado de congelación. Pero  República Dominicana también es asiento o interesa para proyectos que se basan o están  estrechamente ligados   a condiciones que no cambian por el hecho de que lo hagan los gobiernos.  Hablamos de las firmas que cifran una buena parte de su rentabilidad en grandes y medianas instalaciones turísticas o en el comercio inmobiliario o en extracciones mineras que deben extenderse por decenios y decenios para ser rentables.

También nos referimos a aquellas compañías que se proponen convertir a puertos dominicanos en escalas principales del Caribe dentro del flujo mundial de cruceros  y que lo hacen en la absoluta confianza en  la estabilidad del Estado. Los  emergentes negocios, los proyectos en carpeta o ejecución  coinciden en que el país seguirá, con poquísimas modificaciones, siendo una valiosa realidad después del 16 de mayo.