Añoranza en abril

08_04_2019 HOY_LUNES_080419_ Opinión10 A

Abril compromete, involucra las pendencias de una generación. De un lado o de otro, de un lado y de otro. La muchachada urbana, en el 1965, jugó con el peligro, apostó a la realización de la utopía, deshecha entre las manos trémulas del atrevimiento. Jóvenes, muy jóvenes, con el asombro sitiando la proeza cotidiana de resistir. Venían de la represión, del sigilo, del acecho tras las celosías. Venían del misterio, de los familiares desaparecidos, del vecino soplón, del torturador protegiendo al pariente. Venían de la mujer prostituida convertida en aliada y el proxeneta en salvavidas. Fue el silencio largo de tres décadas que forjó la candidez combativa, alucinada por la epopeya de Sierra Maestra, confundiendo fe con militancia, avemarías con puño en alto. El verdinegro arropó a esa juventud que no era homogénea, una venía del disfrute de la parentela genuflexa y asustada que en procura de la seguridad enseñaba a obedecer, a venerar al “jefe”, sustituto de Dios y de Duarte. Enseñaba a desear la seducción de algún miembro de la familia Trujillo, de algún integrante de la cofradía o del Servicio de Inteligencia Militar, el temible SIM. Otra camada era heredera de la persecución implacable, directa o a través de secuaces vestidos de ovejas, ese etcétera de serviles encargados de mortificar hasta lograr el sacrificio o la penosa rendición. Guiñapos humanos tratando de enseñar a la descendencia honor sin más recurso que la dignidad.
El 63 fue demasiado, un incomprensible salto, después de tanta oscuridad la luz, por eso el asalto y la deshonra. El silabario de una Constitución contundente para una caverna que había perdido su timonel. Tras la muchachada combatiente había otra historia de la historia, contada apenas, a pesar de la profusa bibliografía y documentos desclasificados. Estaba la rebatiña militar, el reacomodo de la oligarquía y la clase media alta, el poder de la jerarquía católica, los liderazgos emergentes, los rebeldes sin cohesión que permitieran algo distinto después de los pactos y acuerdos. José A. Moreno en “El Pueblo en Armas” establece la Tipología de los Rebeldes, detalla edad, motivación, aspiraciones con su participación en la revolución y en la guerra. Idealista, Acomplejado, Rebelde, Aprovechado, Hijo de Machepa, son los tipos definidos en el Capítulo 9 del libro que forma parte de la “Colección 50 Aniversario de la Gesta de Abril de 1965”, publicación de la Comisión de Efemérides Patrias y la Academia Dominicana de la Historia. Cita la advertencia de Manolo González “el gallego”, miembro del Partido Socialista Popular, cuando se refería a la participación de los muchachos de San Lázaro y San Miguel: los que recibieron entrenamiento sobre guerrillas en Cuba no son los más útiles a la revolución, sino aquellos que tienen habilidad para la organización, aunque no puedan sostener un fusil…(op.cit. página 137)
Durante esos meses todo era sorprendente, sorpresivo y sospechoso. La participación de los militares hijos de los generales matones trujillistas, con historial non santo, confundió trincheras hasta que los hechos permitieron conocer las intenciones. Es por eso que fiel a sus guardias, Ramfis Trujillo manifiesta su fervor por los constitucionalistas, apuesta al nacionalismo que el cuartel enseñó al caqui y dice: “Mi simpatía por la revolución no es política. No soy partidario de Bosch pero simpatizo con ella porque defendía una causa justa en principio y más tarde una causa gloriosa que es la soberanía nacional.”
Abril es sitio para la búsqueda de identidad guerrera, espacio de subversión con categoría de instante. Ráfagas sustituyendo estrellas, el sonido de los tanques amenizando romances, el asomo de la fuerza interventora provocando espanto. Y ya no era entusiasmo, deseo de cambiar y conquistar, era el momento del desconcierto y la traición. Cada espacio de la ciudad sitiada, entonces adquirió otra forma, cada mirada del camarada fue distinta. La muerte comenzó a ganar espacio y la poesía quiso ser escudo contra la iniquidad, el dolor y el miedo. Abril, para esa generación, ya encanecida, siempre convocará la nostalgia, también la congoja.