¿Antihaitianismo o antidominicanismo?

TAHIRA VARGAS
El tema de la nacionalidad dominicana o no de Sonia Pierre muestra la emergencia de un tema latente y permanente en la sociedad dominicana que es nuestra gran tensión como sociedad con nuestra identidad social y cultural, nuestra dominicanidad.

Desde un análisis cultural de la dominicanidad podemos ver en la presión que se ejerce para mostrar a Sonia Pierre como haitiana y no dominicana, una expresión clara de una visión de la dominicanidad que entra en tensión y contradicción con lo que realmente somos. No somos un pueblo puro que puede llamarse únicamente dominicano, somos una mezcla de diferentes etnias y culturas inmigrantes que han tenido presencia en nuestra conformación como pueblo en toda nuestra historia, la presencia de las permanentes migraciones haitianas y las migraciones en distintos momentos de otros pueblos como: españoles, árabes, puertorriqueños, cubanos, antillas inglesas, cocolos, chinos, entre otros. Todos ellos son parte de nuestra composición étnica y social y difícilmente podamos separarlo, fragmentarlo, aislarlo.

El análisis cultural de la dominicanidad tiene muchas aristas que muestran el sincretismo en las dimensiones: étnico, religioso, lingüístico, en la comida, la música, el baile, la estructura familiar, el tipo de relaciones sociales, entre otros.

Una de las miradas a la identidad, a la dominicanidad, es la lectura desde la utilización de una de las técnicas antropológicas por excelencia, la genealogía.

Hace unos meses hicimos un análisis de varias familias-casos en pueblos de la región del Cibao Central y en Santo Domingo. En el análisis encontramos que todas las familias estudiadas tenían en dos y tres generaciones la presencia de familiares migrantes haitian@s, chin@s y puertorriqueñ@s con predominancia de la presencia haitiana en abuelas o en ti@s, o madres o bisabuelos.

En varios de los casos la presencia haitiana no se expresa en los apellidos de las familias porque las declaraciones de nacimiento no se hacen a través del padre sino de la madre o de otro familiar que asume la tutela y se pierden los apellidos originales. La presencia haitiana se hace más frecuente en las familias desde el análisis genealógico de lo que somos capaces de reconocer.

Este análisis no solo indica la continua presencia de migrantes haitian@s y de otras etnias en las familias dominicanas sino también la presencia de hijos e hijas de unión consensual o de embarazos fruto de uniones no-estructuradas que generan que los apellidos paternos no aparezcan sino la línea materna o las líneas de adopción. Igualmente la gran presencia de declaraciones tardías e irregulares, con dos y tres declaraciones de nacimiento para una misma persona.

Estas mezclas en la composición genealógica de familias dominicanas pueden ser extendidas a personajes históricos, héroes nacionales, presidentes de la República, líderes políticos que hemos tenido y encontraremos también los componentes migratorios y de mezcla y sincretismo étnico-racial que nos conforma.

No es posible decir entonces que l@s dominican@s somos una etnia pura sin mezclas domínico-haitianas, domínico-chinas, domínico-puertoriqueñas, domínico-árabes, etc… La dominicanidad está conformada racial y culturalmente del sincretismo y de la mezcla, dejar de lado este componente es negarnos e implica asumir una postura antidominicana en sí misma.

La negación de nuestra identidad con un gran componente negro, afro, haitiano y de las antillas inglesas ha sido una constante en nuestra sociedad. No aceptamos que somos negros y mulatos y que nuestras características étnicas y culturales son totalmente sincréticas en todos los ámbitos. De ahí que no es raro que se produzcan reacciones como las relacionadas con Sonia Pierre donde no aceptamos que ella es tan dominicana como cada uno de nosotros porque la gran mayoría de nosotros tiene en su genealogía familiar el componente haitiano y/o de otras etnias.

Las posiciones de antihaitianismo en nuestra sociedad están sustentadas en la antidominicanidad que se expresa en una gran resistencia a la aceptación de nuestra identidad como etnia, como cultura, como pueblo. Es la negación de la gran diversidad cultural que sustenta nuestras raíces como pueblo y que nos ha dado la alegría, la solidaridad, el sentido social que nos caracteriza como lo que somos, dominican@s.