Antología de cartas de Ulises Heureaux

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El Homo sapiens como ser social utiliza la corteza cerebral para evaluar, comparando fecha, lugar y persona. Quien suscribe, visualiza la evolución de la humanidad como un fenómeno en espiral, el cual partiendo de un punto básico gira en órbita hacia niveles superiores. Me asombra con frecuencia la sucesión de hechos parecidos y hasta predictivos en tiempos diferentes. Entonces recuerdo aquel comentario de Carlos Marx: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.” Cyrus Veeser, historiador norteamericano, ha revisado las relaciones entre el presidente Lilís y la San Domingo Improvement Company, valiéndose de la correspondencia de los últimos cinco años entre el dictador dominicano y los ejecutivos de la mencionada compañía. Producto de esa labor es el libro con el que titulo este artículo, obra auspiciada por el Archivo General de la Nación. Aparte del conocido carácter despótico, insidioso, malévolo, agudo, cruento, fiero de Lilís, las misivas también perfilan otro personaje: “cosmopolita, plurilingüe, financiero, diplomático… el Lilís que logró firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos… que orquestó la transferencia del Banco de Santo Domingo de sus dueños franceses a otros estadounidenses; que jugó a las cartas diplomáticas con los diestros de Madrid, París, y Washington; que se mezcló con la lucha independentista cubana; que trajo un economista de la Universidad de Chicago para imponer el patrón oro; en fin, un Lilís con conocimientos económicos y financieros, destrezas diplomáticas, y pretensiones globales. Si bien en las cartas encontramos pocas referencias literarias o apreciaciones filosóficas, la correspondencia introduce, sin embargo, a un líder informado y astuto, con un amplio entendimiento de las relaciones internacionales, sobre todo en su vertiente económica”.
El ajusticiado dictador fue ley, batuta y constitución, manejó el aparato estatal como su empresa personal, la cual condujo acorde a las circunstancias, llegando a decir “con la necesidad no se discute”.
Expresa Cyrus Veeser: “Al fin y al cabo, como toda dictadura, la de Lilís descansaba sobre una base de realidades encubiertas y ficciones públicas. Las ficciones proliferaron: que su régimen gozaba de un apoyo universal; que la crisis económica no derivaba en el descontento político; que el papel moneda traía beneficios para el pueblo…, que los países grandes y pequeños eran igualmente soberanos. Todo era falso; una gran y resonante mentira. Y por debajo de las ficciones, el legado concreto de Lilís: la represión, la hambruna, la miseria y la deuda; siempre más deuda… Al final, el país pagaría su insolvencia con la pérdida progresiva de su soberanía; del control de las aduanas por la Improvement, confirmado con la fuerza de los EE.UU. No había escapatoria, y los errores, por no decir crímenes de Lilís en el mundo de las finanzas llevaron al país hacia un futuro sombrío, resultando inexorablemente en la creación de la receptoría aduanera estadounidense de 1905, la cual, eventualmente, conduciría a la invasión americana de 1916 y, por rutas directas e indirectas, al ascenso de Rafael Leonidas Trujillo Molina al poder en 1930”.
Indudablemente que la historia enseña, para ello debemos vestirnos de gran humildad y mucha sinceridad.