Antonia Guzmán, entre “Invasiones y Mudanzas”

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SAN JUAN, Puerto Rico.- El viaje hacia la tierna calidez del vacío inmemorial, hacia los infinitos y fértiles recintos de la luz; hacia los abrasadores rescoldos de la experiencia íntima, el sueño y los cristales de la imaginación, constituye la médula poética en el sutil y atractivo universo simbólico de Antonia Guzmán (1954), brillante exponente de la pintura argentina contemporánea, merecedora de importantes reconocimientos en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Entre estos, vale destacar el Premio de la International Soho Arts Galleries Competition, Nueva York, USA (1991), el Grand Prix del lV Salon International de l’Acuarelle de Uckange, Francia (1994), la Medalla de Oro del Salon International des Segneurs de l’Art de Saint Tulle, Francia (1997) y el Primer Premio Artealdía. Com 2003, patrocinado por la prestigiosa revista Arte al Día Internacional.

Para la atenta consideración o deleite de todos y cada uno de los habitantes y visitantes de esta encantadora megápoli insular, una admirable selección de las obras reciente de Antonia Guzmán se puede visitar desde el pasado 11 de marzo hasta el 17 de abril en la Casa del Arte, activa galería ubicada en el 422 de la Ave. Muñoz Rivera, en Hato Rey y conducida por Guillermo Rodríguez hacia una línea expositiva definitivamente resistente en el contexto de la realidad artística puertorriqueña de la actualidad.

Antonia Guzmán accede complacida al juego y al riesgo que implica la experiencia de “desviarse” hacia las excéntricas periferias de las islas, hacia los muy reales y polisintéticos espejismos culturales del Caribe. Y, precisamente, ya ante esta primera “escala técnica” caribeña del expansivo repertorio de imágenes que se desprende desde sus “Invasiones y Mudanzas”, título de la apretada selección que Guillermo Rodríguez ha logrado instalar de forma espectacular en los espacios de la Casa del Arte, quedamos fascinados con la manera profunda y magistral en que esta artista viene abordando la inquietante problemática humana de las migraciones en sus palpitantes reacciones simbólicas de juicioso espíritu constructivista.

Entre las obras más impactantes de “Invasiones y Mudanzas” se destacan las tituladas “Navíos al aire”(2003), “Un Paso en Soledad”(2003), “El Traslado”(2003), “El Mensajero”(2003), “El Encuentro”(2003), “Amanecer”(2003, “Dos Solos”(2003), “El Lugar”(2003), “Justo a Tiempo”(2003), “Secreto con Luna Roja”(2003), “Navío en Equilibrio”(2004), “Cuando las vacas vuelan”(2004), “Pequeña Invasión”, “Aires de Vuelta”, “Lento Traslado”(2004), “Ser Lanzado” tríptico (2004), “Los Arribos”(2004) y “Ocupante Afuera”(2004). Algunas de estas obras también forman parte de la muestra que, bajo el mismo título y desde el jueves 18 de marzo hasta el sábado 24 de abril, exhibe la Galería Arte Consult, dirigida por Carmen Alemán y ubicada en la Ave. Samuel Lewis, Esq. Calle 55 en Obarrio, Panamá.

Multitudes y ausencias; paisajes deshabitados, viajeros desesperanzados, navíos flotantes y en inminente estado de desequlibrio; lunas precisas y mutantes; ondulaciones y faros de la melancolía; arquitecturas íntimas, lejanas y solitarias; recintos cálidos y atmósferas de extrañas sensaciones, animan los vibrantes y evocadores espacios pictóricos de Antonia Guzmán. Estos espacios se materializan fundamentalmente en base a los enfebrecidos planos de una tierra rojiza. Luego se imponen las contrastantes y emotivas dilataciones en aguaverde, los dorados, sepias y contaminados vestigios estructurales de un instante medieval y posmoderno, así como los infinitos océanos y cielos azulosos que estallan en sus espléndidas y suaves transparencias superficiales.

Antonia Guzmán viaja constantemente. Su apretada agenda de exposiciones y compromisos la lleva a trashumar perpetuamente, igual que los frágiles seres que habitan sus meditadas y fluídas composiciones. Lo que más sorprende es su intensa jornada de trabajo, ya que pinta 14 ó 15 horas al día y jamás puede hacerlo en otro lugar que no sea en su taller de Buenos Aires. Pero algo que esta incansable artista tiene muy claro es el hecho de que “América Latina es una masa de gente que se mueve todo el tiempo”. Huyendo del hambre y de la guerra, su abuelo cruzó el Atlántico desde Italia hasta Buenos Aires a la edad de 14 años, así que ella misma es resultado de este proceso devastador y fundador.

De ahí su persistencia creativa en torno a la situación contemporánea de los migrantes. Pero la forma en que Antonia Guzmán trata este tema no tiene nada que ver con la carga perturbadora que nos acecha en la obra de la mayoría de los artistas latinoamericanos contemporáneos que abordan la misma problemática. Para ella el arte, especialmente la pintura, es una cuestión doméstica. “Yo trato el tema de la migración desde la cocina, desde la intimidad del hogar, desde el punto de vista del que se quedó entre la valija y desde el que viaja dentro de la valija. Cuando me hice más íntima en mis obras, tuve una mayor conexión con el público”, sostiene entusiasmada y convencida.

Tal como sostiene la prestigiosa curadora e historiadora de arte argentina Victoria Verlichak: “El poder emocional de la obra de Guzmán reside en la contradicción que encierra entre el sentido superficial de lo que se ve y su intención profunda. Los trabajos se presentan como apacibles y bucólicas vistas que, sin embargo, se hallan atravesadas por “esperas, partidas y llegadas”, que suelen ser angustiantes, pero también eufóricas y gozosas. Desaceleradas y subjetivas, las pinturas de “esperas, partidas y llegadas” parecen explorar aspectos del alma que expresan una discreta preocupación individual por los desplazamientos y un interés por el problema social de la migración en la actual etapa argentina. En sentido inverso, quizá Antonia tenga presente en su trabajo el recuerdo de su abuelo inmigrante italiano, cuyos libros de contabilidad eran invariable y subrepticiamente dibujados en intensos azules y rojos por la artista pequeña”.(1)

(1) Victoria Verlichak, “Antonia Guzman: de esperas, partidas y llegadas”, Centro de Arte Contemporáneo, Puerto Banus, Marbella, Espana, octubre 2002 febrero 2003.

“Migrar el alma. Romper cordones y lanzar la piedra vida al vacío”