Antonio Gades: un
trabajador del baile

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Muchas veces pensé que Cuba no tenía secretos para mí. Mucho tiempo viví allí como si fuera un cubano más, trabajando en la construcción, estudiando idiomas y, sobre todo, recorriendo la isla como ingeniero de Industria de Materiales, hurgando la tierra en busca de fuentes de agregados para hormigón.

Nada cubano me era ajeno. Eso pensé cuando creí haber perdido la capacidad de asombrarme ante lo inusual. Sin embargo, ahora recién descubrí lo equivocado que estaba. Hechos y situaciones relativamente recientes me han sorprendido justo cuando suponía saberlo todo.

Conversando con un vecino me enteré que las cenizas del afamado bailarín flamenco español Antonio Gades están depositadas en el mausoleo del Segundo Frente Frank País en lo profundo de la Sierra Maestra cubana. Asombrado pregunté: ¿Gades enterrado junto a la heroína Vilma Espín y muchos otros mártires combatientes del Ejército Rebelde que fueron comandados por Raúl Castro? Nunca imaginé algo así hasta que me enteré de algunos detalles sobre la vida del virtuoso del flamenco que nació bajo el nombre de Antonio Esteve Ródenas. Hasta ese momento sólo reconocía en Gades al gran bailarín y coreógrafo, director de compañías de baile que había recorrido el mundo taconeando los escenarios entre bailaores, cantaores y guitarristas. Conocía de cerca y de lejos sus éxitos como El Amor Brujo, Bodas de Sangre y Fuenteovejuna, obras que no podían ser presenciadas o comentadas sin que se las asociara con el nombre de Antonio Gades. Pero ¿Gades enterrado como un héroe en uno de los sagrados recintos de la Revolución cubana? ¿A santo de qué? diría cualquiera.

Había mucho desconocimiento de mi parte en cuanto a este artista. Nunca me había enterado de su militancia en el Partido Comunista Español. Militó allí hasta que se hastió de la derechización de esos supuestos revolucionarios ibéricos. Fue entonces cuando pasó a fundar con un gran grupo de camaradas el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Todo eso sin abandonar por un segundo la calidad de su arte universal. Desde su primera visita a Cuba en 1975, Gades entendió que allí estaba ejecutándose lo que siempre había soñado para la patria original. De ahí en adelante, decidió compartir su vida entre Cuba y España, llegando al punto de que atravesó el Océano Atlántico en su velero Luar (Raúl al revés) para estar junto al pueblo cubano con el que tanta afinidad tuvo. Muchos de sus compañeros de profesión solían preguntarse: ¿Por qué eligió a Cuba como destino para sus cenizas? Él mismo lo había explicado con  anterioridad a que surgieran las inquietudes de sus relacionados. No es una simple aventura. Es el puerto de mi vida.

Gades traía en su interior una herencia sagrada. Su padre se había alistado como voluntario para defender a la Segunda República Española de las agresiones del fascismo franquista. Esa semilla había germinado con fuerza en el joven Antonio Esteve Ródenas. En la última parte de su vida fue condecorado por el gobierno revolucionario cubano con la Orden José Martí, el más alto galardón que otorga la República de Cuba a intelectuales y artistas. En ceremonia íntima, cuando Fidel y Raúl Castro lo condecoraban dijo: Recibo este honor con el orgullo de compartirlo con tantos miles de gentes que, día a día, anónimamente defienden a la Revolución cubana. ¿Qué quiso decir Gades con estas palabras? ¿Estaría citando a José Martí cuando hablaba de su trabajo político contra el colonialismo español al decir: En silencio ha tenido que ser. La frase sugiere lo que siempre se sospechó sobre la militancia de Antonio Gades en el Partido Comunista  de Cuba ante el que siempre se presentó simplemente como un trabajador del arte.

Falleció en Madrid el 20 de julio de 2004 a los 68 años de edad. Hoy, las cenizas del virtuoso del flamenco y luchador revolucionario, Antonio Gades, se encuentran depositados en el mausoleo del Segundo Frente Frank País, en el profundo seno de la Sierra Maestra, donde se gestó y desarrolló el Ejército Rebelde, cuyo triunfo sobre la dictadura de Fulgencio Batista devino en Revolución cubana. Y reposan como las de un héroe nacional cubano.