Aporte. HOSTOS De la bondad a la militancia

Areito

Creo que el apostolado por la igualdad y la educación de la mujer, de Eugenio María de Hostos resultaba de su innata bondad y sentido de la justicia y, de una influencia apenas mencionada por Camila Henríquez Ureña y su tesis doctoral sobre sus ideas pedagógicas: la del economista inglés John Stuart Mill y más específicamente, de su esposa, la feminista inglesas Harriet Hardy Taylor, a quien el propio Mill atribuye toda su sensibilidad frente a las causas de la mujer de su época.
Creo también que el apostolado de Hostos se origina en otra influencia apenas estudiada: la de la República Española. Me explico:
LA MISOGINIA EN LOS TEORICOS
POSITIVISTAS
El positivismo en sus inicios fue misógino. Augusto Comte, el denominado padre de la Sociología Moderna, reiteró en sus influyentes escritos antiguas y falsas creencias sobre la mujer. En 1839, año del nacimiento de Hostos, escribió:
“La relativa inferioridad de la mujer es incontestable, poco capacitada como está, en comparación con el hombre, para la continuidad en intensidad del esfuerzo metal, o bien debido a la debilidad intrínseca de su raciocinio, o a su ligera sensibilidad moral y física, que son hostiles a la abstracción científica y la concentración.
Esa indudable inferioridad orgánica del genio femenino ha sido confirmada por experimentos decisivos, incluso en las Bellas Artes y, en medio de las mejores circunstancias. En cuanto a los fines del gobierno, la radical ineptitud del sexo femenino es aún más evidente, incluso en el nivel más elemental que es el gobierno de la familia”.
Jean Jacques Rousseau, con su Emilio, era un misógino rabioso: “Una mujer sabia (decía), es un castigo para el esposo, sus hijos, sus criados, para todo el mundo. Desde la elevada estatura de su genio, desprecia todos los deberes femeninos, y siempre está intentando hacer de sí misma un hombre”.
Emmanuel Kant llegó a ser ofensivo: “Una mujer que se ocupa de las controversias fundamentales sobre la mecánica, se podría también dejar la barba. El estudio laborioso y las arduas reflexiones, incluso en el caso de que una mujer tenga éxito al respecto, destrozan los méritos propios del sexo”.
Herbert Spencer afirmaba que: “Las mujeres muestran una perceptible deficiencia en dos facultades, la intelectual y emocional, que son el resultado final de la evolución humana, la capacidad de razonamiento a abstracto la que es la más abstracta de las emociones, el sentimiento de la justicia”.
Fichte, nacionalista alemán, afirmaba que: “El segundo sexo podrá solo encontrar la plenitud en el matrimonio”.
Y, Hegel era enfático cuando subrayaba que: “Si las mujeres controlaran el Gobierno el Estado estuviera en peligro (algo que todas las guerras mundiales, o regionales –masculinas- refutan), porque ellas no actúan según los dictados de las reglas universales, sino que se dejan influenciar por inclinaciones y opiniones ocasionales. La educación de las mujeres contamina, uno no sabe cómo”.
Es claro que de estos filósofos y teóricos fundamentales del Positivismo no obtuvo Hostos su visión de la necesidad de educar a la mujer, de la igualdad de la mujer.
JOHN STUART MILL
Proclamando que fue su esposa Harriet Hardy Taylor quien contribuyó al desarrollo de sus ideas sobre las mujeres, este economista inglés rechaza las tradiciones políticas y jurídicas de la subordinación femenina y publica en 1851 un ensayo a favor del sufragio femenino, informando sobre la Convención por los Derechos de la Mujer, que se había realizado en los Estados Unidos.
Harriet reclamaba la plena ciudadanía política y legal de la mujer: “Lo que queremos para las mujeres es la igualdad de derechos, de privilegios sociales, no una situación diferente, una especie de sacerdocio sentimental”.
Comparaba a las mujeres con los esclavos: “El prejuicio de la costumbre (sostenía), lo mismo negó los derechos a los esclavos durante siglos, que se los negó a las mujeres”. Algo en lo que coincidía visceralmente con Hostos, quien en 1863 se hizo miembro de la Sociedad Abolicionista de la Esclavitud.
Y, continúa: “Lo mismo que la esclavitud corrompe tanto al amo como al esclavo, la opresión de la mujer corrompe ambos sexos. En uno produce los vicios del poder, en la otra los del artificio. Y, si la abolición de la esclavitud es una cuestión tanto moral como política, no lo es menos la abolición de la opresión de la mujer”.
“La verdadera cuestión es si es justo y conveniente que la mitad de la raza humana tenga que pasar por la vida en un estado de obligada subordinación a la otra mitad”.
Es revelador que las soluciones de ambos Mill para la situación y condición de la mujer son precisamente la Educación, la Ley y la Política, incluyendo la educación superior para las mujeres. “Una gran capacidad intelectual en las mujeres será algo excepcional hasta que todas las carreras estén abiertas para ellas, y hasta que sean educadas para sí mismas y para el mundo como los hombres, y deje de educarse a un sexo para otro”.
Basado en estas ideas publica Stuart, en 1869, LA ESCLAVITUD FEMENINA, haciéndose eco de los reclamos de Harriet por los derechos ciudadanos de las mujeres como cuestión de justicia elemental: “El que las mujeres tengan las mismas fundadas razones que los hombres, por el mero hecho de ser personas, a reclamar el derecho al voto o a tener un lugar en un jurado, es algo difícil de negar para cualquiera”, y lo publica cuatro años antes de que Hostos dicte sus conferencias sobe “La enseñanza científica de la mujer”.