Apoyando al Presidente Fernández

El Presidente Fernández declaró  “que su principal misión para el año 2010 es reactivar la economía nacional”. Reactivar significa volver a activar; sinónimo de avivar, excitar, mover, acelerar.

Esa declaración refuerza la admisión que nuestra economía no está suficientemente activa como para responder a exigencias ciudadanas y deja atrás otras actitudes contrarias como el desentendimiento, blindaje, que lo peor pasó, forjar vanas ilusiones con megaproyectos y cifras, etc.

La misión de reactivar la economía debe concitar pues el apoyo de dominicanos preocupados por la suerte de la nación, partiendo de sugerencias inspiradoras de acciones.

Cumplimos con nuestra responsabilidad de apoyarlo sugiriendo que aunque ya se haya aprobado el deficitario presupuesto para 2010: el gobierno reduzca sus gastos, sujetándolos a las recaudaciones, a fin de evitar déficits financiados con endeudamientos.

Si bien compartimos que el gasto público reactiva la economía, mucho depende en qué se gasta y cómo se financia.

El gasto como hoy se concentra activa poco la economía: (1)Burocracia excesiva que no cumple funciones y estorba a los que las cumplen, animando la economía por vía  de la demanda inducida que implementó el gobierno del PRD encabezado por Antonio Guzmán; (2) Publicidad fomentando culto a personalidades; (3) Subsidios que alientan ocio y dependencia impulsadores de vicios y delincuencia mientras otros amplían ganancias a empresas o encubren ineficiencias; (4)deuda pública contratada a corto plazo y altas tasas de interés; y (5) megaproyectos millonarios, de uso intensivo de maquinarias, en perjuicio de  pequeños generadores de puestos de trabajo.

La reactivación de la economía requiere reducir gastos para no tener déficits que tengan que financiarse con endeudamientos, resistiendo incluso una comunidad internacional que hoy estimula préstamos para activar la economía que sus políticas precedentes desactivaron. Nuevos endeudamientos que nos darán muchos dolores de cabeza en el futuro cuando los “generosos” ofertantes de hoy se conviertan en rigurosos acreedores; como ha sucedido varias veces en nuestra historia.

Una vez reducidos los gastos podrían reorientarse  hacia inversiones generadoras de fuentes de  ocupación, infraestructura de producción o proveedora de servicios sociales especialmente salud y educación.

Ojalá que la reciente actitud presidencial contara con suficiente respaldo nacional para plasmar a realidad la reactivación económica.

A ello coadyuvan pasos dados por su gobierno para implementar lo consagrado en disposiciones legales y constitucionales que había promovido  previamente, relativas a la concertación como método para gobernar.

La crisis económica unida a las veleidosas mascaradas de la comunidad internacional, hace imprescindible esa recurrencia a la concertación para estructurar un proyecto nacional sustentado en el interés general despojado de intereses particulares y exógenos; algunos acompañados de cuestionables intenciones.