Apoyo al secretario militar

Un gobierno del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el del presidente Antonio Guzmán, desmanteló la reelección balaguerista; otro gobierno perredeísta restableció la reelección presidencial, y ambos partidos (PRD-PRSC) hicieron una alianza negra en el Congreso Nacional para incluir en la Constitución de la República la nefasta continuidad presidencial.

Con el fin de la macabra reelección balaguerista (1978) se inició el proceso de institucionalización militar; con el intento reeleccionista perredeísta de Hipólito Mejía se inicia de nuevo el desmembramiento de la institucionalidad militar, al ciertos mandos ponerse por encima de la Constitución y las leyes orgánicas de las Fuerzas Armadas, convirtiéndose en activistas políticos.

La nefasta reelección presidencial divide a todos los estamentos de la sociedad, y deforma la misión de los militares, sustituyendo éstos al partido político gubernamental y convirtiéndose en el más peligroso uso de los recursos del Estado, por razones de todos conocidas en épocas que se creía ya superadas.

El PRD en su pretensión de “partido único” pintó de blanco la institucionalidad de la República Dominicana: control absoluto del Congreso Nacional, de los ayuntamientos, de la judicatura nacional, de la Junta Central Electoral; y como si esto fuera poco, hasta de los alcaldes pedáneos. (“Primero los perredeístas, después los perredeístas, de nuevo los perredeístas, y si algo sobre, para los perredeístas”).

Desde que el PRD asumió el poder empezó la militarización de las instituciones claves del Estado, poniendo frente a ellas militares en retiro, recién reintegrados, que habían sido dados de baja por activismo político, y en el peor de los casos, “deshonrosamente”, cuyo caso más vergonzoso es el de Pepe Goico, que manchó con tinta indeleble el pundonoroso uniforme militar.

El tinglado militar reeleccionista tuvo sus primeros balbuceos en las alabanzas, loas y discursos ditirámbicos al presidente Mejía; y su desgarrar el velo, en la entrega del padrón electoral, ubicación de mesas y electores en las juntas municipales a altos militares, muchos de estos actos inconfesados en complicidad con los presidentes de las juntas municipales, de militancias perredeístas.

Antes de la presentación del famoso video, donde el jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, Jorge Radhamés Zorrilla Ozuna, entrega 20 pesos a un pordiosero, sacados de un sobre blanco con el logo del jacho prendío, éste, conjuntamente con el jefe de la Marina de Guerra, Eurípides Antonio Uribe Peguero, -un marinero en tierra-, se exhibieron con un aparataje militar por los barrios en huelga, el pasado martes 11 de noviembre.

Ambos altos militares, por demás identificados por la opinión pública como las cabezas visibles del reeleccionismo activo en las Fuerzas Armadas, dieron declaraciones a los medios de comunicación sobre la situación en el paro de actividades nacionales y la actitud de los militares que se encontraban en las calles para preservar el orden público.

Estas inspecciones de las tropas, más las declaraciones públicas sobre la situación nacional reinante, son exclusivas del jefe político de los institutos militares, el secretario de las Fuerzas Armadas, teniente general José Miguel Soto Jiménez.

Así lo entendió el secretario militar, cuando en declaraciones en la base aérea de San Isidro, enfatizó contundentemente que por el rango, es el único militar que puede hablar en nombre de las Fuerzas Armadas, además mantiene su liderazgo por sus treinta años al mando de tropas y de docencia, “y por esas razones yo puedo hablar en nombre de la mayoría de los oficiales y los miembros de las Fuerzas Armadas”. (Periódico Hoy, miércoles 19 de noviembre, página 14). Como para ponerle la tapa al pomo, de que la conducta reincidente, del activismo político del general Zorrilla Ozuna, además es un acto de indisciplina militar, el secretario militar dijo que el jefe del Ejército Nacional ha sido “reconvenido, tanto por mí, como por el presidente Hipólito Mejía”, para que descontinúe las manifestaciones que puedan dar lugar a mal interpretar la imparcialidad de los cuerpos armados”.

A pesar de las advertencias, de la petición de cancelación del cargo militar por parte de un importante partido político de la oposición y de una respetada organización de la sociedad civil -el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y Participación Ciudadana-, el general reeleccionista continúa en su cargo -y en sus fueros- “tan campante” como el hombre aquél del anuncio de antaño, con el bacalao a cuesta…lo que indica que hay detrás una fuerza política más poderosa que el mando militar.