Apuntes de bolsillo

POR JOSÉ M. RODRÍGUEZ HERRERA
En Castrillo de los Polvazares, diminuta población en la provincia de León (España), de unos 100 habitantes, cuentan que hace muchos años vivía un rico arriero que siempre, cuando visitaba la Corte, vestía a la usanza maragata; Sombrero de ala ancha con borlas, chaleco floreado, chaquetilla sin cuello, cinturón ancho, calzones y botas de cuero. En una de sus visitas a palacio, presumió de poder alfombrar con monedas de oro el patio de su casona, y al decirle que en ese caso se pisaría la cara del rey, el maragato contestó que no había problema, pues colocaría las monedas de canto.

La anécdota sirve como ejemplo del poderío económico de algunos maragatos en el siglo XIX. Era éste un pueblo al que se confiaban principalmente cereales, vino, aceite y telas, que luego portaban en carromatos con mulas desde Galicia a Madrid, según privilegios reales que se remontan al siglo XIV. Muchos, como el arriero de la historia, se enriquecieron y edificaron grandes casonas, que se conservan en los típicos pueblos de Santiagomillas, Santa Colomba de Somoza y Castrillo de los Polvazares. Hace sólo unos 50 años era éste un pueblo casi vacío que vivía del recuerdo. Su portalones de madera de castaño estaban casi siempre cerrados y por sus empedradas calles se oía el traqueteo de las carros.

Las casas de Castrillo son de tipo rico, de piedra y con un gran portalón en arco que comunica con un patio empedrado, alrededor del cual se distribuyen los establos, la cocina con chimenea, horno y comedor. Una escalera con barandilla de madera comunica con las habitaciones. El pueblo en realidad son solo dos calles empedradas flanqueadas de casonas. Los fines de semana se llena con gente que acuden sobre todo a probar su cocido maragato.

De lo poco que aquí hemos contado del pueblo Castrillo de los Polvazares hay algo que llama la atención y es el nombre del restaurante de la Hostería y no es otro que éste: Cuca La Vaina.