Apuntes de bolsillo

JOSE M. RODRIGUEZ HERRERA
LEONARDO nació en Vinci, una ciudad muy cercana a Florencia, cuna del Renacimiento Italiano. Era hijo natural de un notario florentino, aunque esto no supuso impedimento para que el joven pudiera asegurarse un futuro de honor y éxito. Vivió con su padre desde los cuatro años y recibió la educación y los caprichos propios de un hijo único de familia rica. Su gran inteligencia y el vivo interés por aprender se manifestaron muy pronto en los campos de la literatura, las matemáticas, la música y el dibujo.

El movimiento humanista que se desarrolló en el Renacimiento había colocado al hombre en el centro del universo. El humanismo recuperó lo mejor de la antigüedad griega y romana, sin desdeñar la tradición cristiana, y puso de moda las obras clásicas y su imitación; restableció el ideal de belleza que inspiró a los artistas antiguos y trató de reproducir fielmente la naturaleza con espíritu crítico. El perfecto hombre del Renacimiento debía tener una amplia formación, que le permitiera moverse con facilidad en los ambientes militares, artísticos, intelectuales y políticos. Esa era la intención del padre de Leonardo, pero el joven, a pesar de la inicial oposición paterna, decidió ingresar como aprendiz en el taller de uno de los artistas más importantes de Italia: Verrocchio.

En los talleres de los maestros de renombre los artistas tenían a su cargo jóvenes a los que enseñaba el arte y el oficio de pintar. Cuando los discípulos aprendían lo suficiente, se independizaban y creaban su propio taller. Leonardo se convirtió rápidamente en el alumno preferido del maestro. Se dice que incluso sirvió de modelo para la estatua en bronce de David que realizó Verrocchio, no sólo por la admiración que el artista sentía por él, sino también por su belleza y atractivo. El discípulo llegó a superar al maestro y algunos biógrafos aseguran que Verrocchio fue abandonando la pintura en favor de la escultura por este motivo.

En el terreno estético, los humanistas pensaban que la belleza era un camino para conseguir el conocimiento, ya que la belleza y la armonía se aproximan a lo divino. El hombre tiene el poder de crear belleza, observando la naturaleza y despojándola de todas sus imperfecciones. Así, Leonardo, como muchos de los artistas del Renacimiento, se interesó por la anatomía, para conocer mejor el cuerpo humano y reflejar fielmente su belleza. Fue Verrocchio quien inició a Leonardo en las técnicas de disección de cadáveres.

Leonardo siempre mantuvo una trayectoria propia. Una de las características de su obra es la ausencia de la vejez, el dolor y la tristeza. Nunca pintó el sufrimiento y pocas veces la traición o la violencia. Y, sin embargo, llegó a ser uno de los pintores más profundos no sólo de su tiempo sino de todas las épocas.