Apuntes de bolsillo

José M. Rodríguez Herrera
El primer género literario que aparece en cualquier literatura suele ser la lírica cantada por el pueblo, aunque muchas veces no queden rastros de ella. La literatura española cuenta con los más antiguos testimonios de lírica popular europea, son las jarchas mozárabes, que datan del siglo XI.

Su descubrimiento se debe a Samuel M. Stern en 1948 y sus estudios fueron ampliados posteriormente por el arabista Emilio García Gómez. Se da el nombre de jarcha (“cierre” o “salid” en árabe) a los versos finales de las moaxajas, poemas hispanoárabes que se supone que inventó Mocadén el Ciego, poeta de Cabra, muerto en 912. La lengua de las moaxajas era el árabe clásico o también el hebreo, excepto en los versos finales (es decir, las jarchas), en los que aparecía la lengua romance.

La lengua de las jarchas es el mozárabe, dialecto románico hablado por los cristianos que vivían en la España musulmana, por los judíos y por los árabes bilingües. Las jarchas reflejan una tradición poético-musical de tipo folclórico. Esas pequeñas estrofas son cancioncillas de amor puestas en boca de una muchacha: lamentos de ausencia, súplicas al amado (designado con el arabismo habib), confidencias a la madre y a las hermanas, etcétera.

Obra cumbre del siglo XV es la llamada Tragicomedia de Calixto y Melibea, más conocida por La Celestina, que constituye uno de los principales hitos de toda la literatura española. Impresa en Burgos en 1499 y el Toledo en 1500, no lleva nombre de autor, que solo aparece en unos versos acrósticos, en la edición de Sevilla de 1501, como Fernando de Rojas. Nueva confusión añadió otra edición sevillana de 1502, en la que se hace atribución del primer acto de Juan de Mena o a Rodrigo de Cota. Con la excepción del primer acto, predomina hoy la creencia de que fue Fernando de Rojas (muerto en 1541) su autor. Clásica en la prosa y en la forma.