Apuntes para el mercado del arte dominicano

Apuntes para el mercado del arte dominicano

Haivanjoe NG Cortiñas

Por: Haivanjoe NG Cortiñas

La economía del arte ausculta dos aspectos básicos, el de naturaleza cuantitativa, que implica costos, ganancias y que llevado al mercado del arte se amplia al espacio y los actores que intervienen y el de naturaleza cualitativa, relacionada con la conducta del creador artístico y el de los consumidores de obras.

El 99.0 % de las decisiones humanas tienen su origen en decisiones económicas, de ahí la racionalidad, aunque esta también puede ser irracional, dado que las personas suelen hacer cosas porque entienden que tienen razones para hacerla, sin que necesariamente sus conductas estén modelizadas. En el pasado la felicidad fue definida como la diferencia entre placer y dolor, pero hoy se sabe con certeza neurológica que el comportamiento de las personas resulta de una combinación de lo racional y emocional, siendo esta última la primera en actuar en las decisiones de las personas.

El arte agrupa muchas cosas: creatividad, técnica, pasión, sensibilidad, interpretación, belleza, subjetividad, destreza, fuerza, colorido y también, pero no desde siempre, una forma de hacer dinero, que en ocasiones provoca inflación del precio de la obra y hasta especulación.

Probablemente en algunos lugares del mundo, el mercado del arte sea de los pocos o tal vez el único, que, siendo innecesario para la subsistencia, aunque de relevancia para las necesidades culturales de las personas y también, para el ingreso psicológico proveniente del cambio de titularidad-, mueve muchos recursos.

En sus orígenes, la actividad del arte estuvo asociada al mecenazgo y a la riqueza, debido a que el trabajo artístico no tiene un origen y destino utilitario para la subsistencia, de ahí el vinculo con el patrocinio. Para los siglos XVI y XVII, el apoyo al arte encargado se originó de parte de quienes gobernaban, como forma de demostrar su poderío; pero a partir del siglo XIX comienza a darse un proceso de independencia artística, como medio para elevar la calidad del arte, ocasionando esa evolución la venta de obras de creación original y no encargada.

El paso anterior sirvió de base para que, en el siglo XX, tanto el arte que lo precedió, como el moderno y contemporáneo, encontraron la forma de interactuar con galeristas privados, coleccionistas, críticos, profesionales y empresarios que le dieron dimensión y determinadas formas al mercado del arte.   

El mercado del arte, a pesar de ser de obras únicas, también se caracteriza, como otros, por estar conformado por dos segmentos, el primario y el secundario. El primario, la obra sale al mercado y transita el canal de la mano del artista al adquiriente, utilizando en ocasiones intermediarios y el secundario, que mercadea la obra en su condición de segunda mano y que en el caso de los artistas fallecidos el valor se potencializa. 

Al sector cultural, del que las artes plásticas forman parte, al tener hoy día importancia en la agregación de valor a la economía, se le denomina economía naranja, desde que el Banco Interamericano de Desarrollo lo empleó para mostrar su importancia y el significado del color fue inspirado a partir de las primeras manifestaciones artísticas del Egipto antiguo, con sus artesanías de color naranja, alcanzadas a partir de la fusión de agua con pigmentos de minerales del referido color.

En la República Dominicana, el aporte que realiza el sector de la cultura a la economía no ha sido medido por el sistema de cuentas nacionales; desconociéndose su comportamiento a lo largo del tiempo en valores monetarios del consumo o de la creación de empleo, pese a que al menos desde el 2014 se ha promovido su valoración. Algunos datos preliminares sitúan el aporte en torno al 1.5 % del PIB, que equivale a RD$ 79 mil millones.

Los mercados comúnmente conocidos en la economía resultan de la interacción de la oferta y la demanda, que origina distintos tipos de elasticidades, derivándose por esa vía la formación de precios. En contraste, el mercado del arte, los precios no son el resultado natural de la interacción de las leyes de la demanda y oferta, dado que, la oferta se torna rígida, monopólica o imposible de incrementar, ya sea por el fallecimiento del artista o porque nunca una obra tendrá un igual, aun la produzca el propio creador, es un producto que no tiene sustituto. Otro caso, es el de las subastas a la inversa -típico de mercados de artes incipientes-, donde cada ofertante ofrece los precios más bajos como atractivo para su venta.

Al margen de la desaparición física de un artista, que le pone fin a su carrera, las técnicas empleadas en la obra, la calidad de la conservación, lo que representa la inspiración del artista, la calidad profesional, etc. son valores que permanecen en la obra; sin embargo, el precio varía con el transcurrir del tiempo.

Para el arte visual, como en la vieja discusión entre economistas clásicos y marxistas, valor no equivale a precio, pues de serlo, obras de arte de la categoría Salvador Dalí, Leonardo da Vinci, Van Gogh, entre otros, hoy no se cotizarán a precios tan altos, sino que conservarían los precios originales.

En la economía clásica de los tiempos de Adam Smith, entendían que los precios en una economía de mercado oscilaban alrededor del precio de producción; en cambio, David Ricardo, consideraba que los precios de las mercancías dependían de la cantidad de trabajo incorporado, por entender que todos los costos de producción son costos laborales.

Por su parte, para Carlos Marx, el valor de cambio (precio) no es la cantidad de trabajo individual, sino la socialmente necesaria para producirla, por lo que, lo que lo determina son las condiciones medias de productividad. Para Marx, el valor de una mercancía no se lo da el valor de uso, sino el trabajo socialmente materializado en la mercancía.

Acercándonos al mundo de la inversión, donde también el precio y valor no resulta lo mismo, tal y como lo aseveró Warren Buffett, cuando dijo: «Precioes lo que pagas, valor es lo que recibes».  Dicho de otra manera, el precio es el dinero que entregas por un producto, físico o financiero, determinado por la oferta y la demanda; en cambio, valor significa dinero que ganamos en el futuro, descontado el riesgo y el horizonte temporal.

En el mundo del arte, el precio es un tema de poca discusión conceptual entre artistas, espectadores, consumidores, galeristas, subastadores, tasadores y probablemente mucho menos trascendente para el incipiente mercado del arte en la República Dominicana.

Entonces, ¿qué factores influyen para que una obra de arte aumente su precio en el tiempo? Confluyen varias causales: Aumento del número de coleccionistas, crecimiento económico internacional o de un país con incidencia en el exterior, el fallecimiento del artista, la competencia por adquirir artículos de alto precio, las dimensiones físicas de la obra, el marketing de las casas subastadoras, el autor de la obra, la autenticidad, la procedencia de la obra, la rareza de la obra y el motivo de la obra visual por parte de su autor.

Cuando una obra de arte es ofertada por el artista y tal vez hasta por los propios intermediarios, al margen del valor de la obra plástica, el precio tendrá en parte un carácter subjetivo, muy distinto a la objetividad en otras áreas, como, por ejemplo, cuando un ingeniero construye una casa y fija su precio para la venta o un médico cobra honorarios por sus servicios, en esas actividades, en un mercado ordenado, los precios están básicamente parametrizados.   

No es lo mismo el arte de invertir que invertir en el arte. En la primera, se muestran las habilidades, técnicas o principios necesarios a observar para realizar el acto de emplear capital en alguna actividad, como la del arte; mientras que, en la segunda, invertir en arte, es destinar recursos financieros a adquisición de obras de arte, con el propósito de obtener beneficios en un determinado tiempo.

En una decisión racional, el arte de invertir debe preceder a la de invertir en arte, pues de no hacerlo, la emoción o el gusto estaría guiando la decisión de invertir, por lo que solo sería un gasto o un pasivo y no una inversión que tiene el potencial en el futuro de superar el precio inicial de la inversión.

Es lo mismo invertir en bolsa, en el mercado cambiario, en bienes raíces, en la banca, en una empresa, ¿que en arte visual? No lo es.

Determinar si eres un inversionista profesional es clave, si lo eres, conoces las técnicas y el arte del mercado objeto de tu atención; pero si no, debes procurar asesoría, al menos para los aspectos relevantes.

Entre los aspectos más importantes en la consideración de invertir en arte visual, están: Determinar si el artista estudió en alguna escuela de renombre internacional, quién o quiénes fueron sus mentores, si es autodidacta, si han sido publicada sus obras en libros o revistas, si ha obtenido premios, si cuenta con colecciones, las exposiciones presentadas y, si el artista es novel, platicar con él para conocer de sus habilidades y motivaciones sería una buena decisión.

En el país, el mercado del arte es incipiente. En la actualidad existen alrededor de 29 galerías de arte y el mercado básicamente está estructurado sobre la base de los siguientes canales: El directo, artista/consumidor, de dos canales, artista/intermediario y consumidor, en este caso, el intermediario puede ser una casa de arte o una persona física que también realiza oferta por la internet.

Más recientemente está el de la subasta inversa, donde vendedores compiten para colocar su obra al menor precio posible, distinto a la subasta de avance, donde los compradores son los que compiten, ofertando precios cada vez más altos; de manera que, en la primera modalidad de subasta el precio tiende hacia la baja y en la segunda hacia el alza, de estas se han realizado 6 para fines benéficos.  

Un blanco de público poco auscultado por las galerías, artistas e intermediarios físicos, son las instituciones estatales, habida cuenta que estas disponen de un marco jurídico especial que ampara sus compras, sin tener que observar procedimientos y requisitos rígidos establecidos en la Ley de Compras y Contrataciones No. 340-06, específicamente por lo que dispone su Art. 6, numeral 4.

El referido artículo indica que, “Se excluyen de la aplicación de la presente ley los procesos de compras y contrataciones relacionados con: numeral 2 “La realización o adquisición de obras científicas, técnicas y artísticas, o restauración de monumentos históricos, cuya ejecución deba confiarse a empresas, artistas o especialistas que sean los únicos que puedan llevarlas a cabo”

En la última década, en el país se han graduado en distintas áreas del arte 6,451 estudiantes, de los cuales, 49 corresponden a las artes plásticas. Para tener una idea más amplia de lo cultural en dominicana, en el sector público laboran unas 2,152 personas dedicadas a esa área, los museos en el 2019 recibieron 580,187 visitantes, la cantidad de películas de producción local fueron 28 en el referido año y salas de cine en el país solo existen en 8 provincias, de las cuales a Santo Domingo le corresponde el 66.0 %, de las 197 salas que había a principios del 2020.

El mercado del arte visual en dominicana presenta potencialidades, por el crecimiento sostenido que ha venido presentando la economía nacional, al crecer sobre el 5.0 % promedio anual durante los últimos 15 años, el crecimiento de la clase media, que la ubica en alrededor de un 30.0 % de la población total y los aires de modernidad con los que se está construyendo en el país. Aprovechar las condiciones mencionadas con sentido de oportunidad resulta clave para potenciar un mercado de artes en el país con niveles de profundidad que le permita a los involucrados operar con permanencia.

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