Apuntes sobre autoridad y poder

Millizen Uribe
Millizen Uribe

Muchos teóricos entienden que en la dinámica humana las relaciones de poder son inevitables. Uno de ellos es el filósofo y matemático británico Bertrand Russell, quien en su obra “Autoridad e Individuo” ubica en las sociedades primitivas la aparición de la cohesión social, la lealtad, la autoridad y el poder.

Explica que en la relación entre tribus, ante el conflicto por territorios o provisiones, la pertenencia al grupo se transformaba en lealtad al conglomerado y a un jefe que adquiría poder. En ambos casos, autoridad y poder se vinculan a condiciones innatas que el ser humano desarrolló por exigencia de sus circunstancias sociales.

La naturalidad del poder y la autoridad que plantea Russell no implica aceptación como buenos y válidos “porque sí”. El mismo autor advierte que las ansías naturales de poder se pueden presentar de manera desmedida en algunos individuos y en las instituciones que dirigen. De ahí que abogue por un ejercicio ético del poder y de la autoridad.

Independientemente del nivel de simpatía y comprensión que una puede tener con planteamientos que en la crítica del poder y de la autoridad sostuvieron estudiosos como Mijaíl Bakunin, ha de reconocerse la idea de Russell de que es importante considerar sus fuentes, prácticas y objetivos.

Hemos visto que líderes como Duarte, Mandela, King y Gandhi han poseído poder y autoridad legítimos y lo han usado para transformar la vida de sus colectivos.

No obstante, vale reflexionar acerca de la autoridad y el poder en estos días: sus fuentes, el trato hacia los individuos y el rol que juegan.

Actualmente se sigue la lógica mecanicista y se dan por buenas y válidas la autoridad del profesor, porque la escuela y la universidad lo pusieron frente a la clase, no por su conocimiento. Se acepta y promueve la autoridad del hombre sobre la mujer porque el sistema económico, cultural y religioso la ha instaurado por años.

Este nivel de mecanicismo y falta de legitimidad tiene lugar en organismos castrenses, religiosos y políticos, donde ya hemos señalado la predominancia de dirigentes sobre líderes.

Como consecuencia, en organismos sociales se adolece de participación, representatividad y democracia y existe autoritarismo, práctica que lacera la sociedad y el Estado.

Ante esto el individuo está llamado a reclamar dignidad y resistir, ya que Russell y Thoreau indican que la obediencia a la ley no es principio absoluto porque sin son injustas vale no reconocerlas, y, agrego yo, tampoco a autoridades y poderes ilegítimos.