Aquí como que na e na

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Aquella mañana de lunes después de Semana Santa un movimiento sorprendió la ciudad de Santo Domingo, cuando desde los cuatro puntos cardinales, bien organizados manifestantes salieron a las calles, a protestar por los aumentos de precios dispuestos por el gobierno, para cumplir con las exigencias y mandatos del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Con la despreocupación típica de los creadores de las hamacas, del cachimbo, del pachuché, del chernaje y el allante, todo se quedó así. Aún nadie sabe cuántas personas murieron luego de que el gobierno de Salvador Jorge Blanco enviara, tardíamente, a las Fuerzas Armadas, para que impusieran el orden que la Policía no fue capaz de enfrentar.
No creo que sea coincidencia que los “cuchumil” servicios de inteligencia y de investigación fueron agarrados asando batatas, pese a que existe uno en cada cuerpo armado: Fuerza Aérea, Ejército, Marina, Policía, Departamento Nacional de Investigaciones (DNI). Que no supieran del acopio de miles de llantas dañadas con las cuales y bombas molotov, incendiaron aquel día.
Extraño eso, en un país en donde hay un hoyo en la puerta de los moteles, para anotar las placas de cada vehículo que ingresa a esos lugares.
Así es nuestra historia, desconocida, ocultada, solapada, encubierta. Siempre debemos destacar la poca importancia que se da a la investigación de hechos relevantes que marcaron el curso de la vida de la sociedad nacional.
Aún no se ha establecido oficialmente quiénes fusilaron al inmenso Manuel Aurelio (Manolo) Tavárez Justo y sus compañeros; no se ha investigado quiénes fueron los asesinos que masacraron a los indefensos jóvenes, no combatientes, en la Zona Norte de Santo Domingo durante la Guerra de Abril de 1965.
A nadie parece importarle quiénes fueron los integrantes de los escuadrones de la muerte creados por los norteamericanos, pasada la Guerra de 1965, para exterminar a los jóvenes revolucionarios, fuerzas que el presidente Joaquín Balaguer llamó incontrolables y, para evitar su acción, el mandatario hizo pasar una ley prohibiendo que se montaran dos personas en una motocicleta.
Nunca se supo quién ordenó el asesinato de Enrique Piera Puig, aquel periodista cuyas denuncias mortificaron a más de una autoridad.
Lo que se tiene son rumores sobre el fusilamiento del Ilustre ciudadano Francisco Alberto Caamaño Deñó, presidente del Gobierno en Armas de 1965.
La cobardía, la falta de sentido de la historia, entierran una buena parte de la historia nacional que debemos investigar para bien de las generaciones futuras y como ejemplo para ellas.
Ahora el FMI pide que se aumenten los impuestos para enfrentar el déficit que crea el gobierno con miles de botellas y sueldos de lujo para chopas, barraganas, segundas bases y putas
Alguien dijo que, en la guerra, la primera víctima es la verdad.