Aquiles Azar, un merecido premio

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La Fundación Corripio premia anualmente a destacadas personalidades dominicanas, elegidas por jurados de expertos, que han entregado su vida a una especialidad en las ciencias y las humanidades. En el 2011, el premio en la categoría Artes, este año para el Dibujo, ha sido atribuido a Aquiles Azar, de doble profesionalidad activa, odontólogo y artista brillante. Los galardones, las exposiciones, las críticas, por décadas, han ponderado ese talento excepcional, y, más que nunca parecen justificados nuestros comentarios, con motivo de una exposición en el Museo de Arte Moderno, hace una década exactamente, curada por Carlos Sangiovanni.

Millares de dibujos.  “Aquiles Azar puede expresarse no solamente en definiciones figurativas, sino también en una soltura abstracta de extrema calidad.

 La positiva obsesión de Aquiles Azar por la línea y su capacidad de gestar mundos se inició muy temprano: un “torero” del 1949 muestra que aquel joven no temía enfrentar los retos anatómicos y reinventar imágenes.

El realismo lo siguió tentando en los años 60, una década después de egresar de Bellas Artes y en su primera exposición individual. En esos tiempos, la emancipación era lenta, prudente, casi autorizada por los maestros…

Ahora bien,  pronto Aquiles Azar encontró su camino por el arte. Fue la ruta del expresionismo, como los mejores de aquella generación, que dejaba brotar la emoción, conjugaba la realidad y el onirismo, los ideales y la compasión. Escuela del arte, y, en esos tiempos exaltantes y convulsos, escuela de la vida por una vida mejor. Si nos referimos a la vida, no solamente a la condición humana, es que siempre interesaron a Aquiles las criaturas vivas, la fauna tanto como el hombre… Y, cuando, en los bodegones, él plasmó elementos no animados, les dotó de una llama interior, casi metaforizando los objetos en personajes.

Aquiles Azar hizo millares de dibujos, habiendo  atravesado períodos de creación compulsiva y expuesto casi incontablemente, entre individuales, colectivas, ferias, festivales, concursos, con series y períodos cimeros, particularmente en los 80, los 90, y también en esta década.

El dibujo nos parece, entre las artes visuales, una síntesis del concepto y el dominio del oficio, de la emoción y el rigor, una especie de catarsis transmitida por la volubilidad del signo. Esta percepción general corresponde a la que tenemos del discurso dibujístico de Aquiles Azar en particular. Luego, sus dibujos, vigorosos o tenues, progresivamente afinados y elaborados en sus técnicas, le involucran estéticamente aun más que sus pinturas, ¡donde siempre el dibujo se impone! Hay una virtuosidad en los trazos, las aguadas, los manchones, que vibran, generados  por un alto grado de inspiración… y de libertad.

Su hilo conductor es el trazo, de variadísima consistencia, que configura signos más que símbolos, que transmuta energías, que señala pasos y pausas… A pesar del dramatismo de la iconografía -sobre todo en la figura humana-, las tensiones se menguan ante la habilidad, la fluidez, el estremecimiento.

Temas. En dibujo Aquiles es el autor de un bestiario fabuloso… Cada uno de sus búhos, de grandes ojos negros, plumas enroscadas a plumilla, garras enormes e indefensas exhalan una extraña seducción y claman por supervivencia.

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Otros temas

Ratas -¡también atractivas!-, hormigas, mariposas, palomas, águilas, pueblan el mundo zoomorfo de Aquiles Azar. Son animales casi siempre aislados. Su vertiente fantástica concierne a la figura, nunca un relato gráfico. La única moraleja sería que esas criaturas, perseguidas o amenazadas, demandan protección.

Otro tema, analizado, comentado, discutido, es el rostro humano, de caras tristes, pensativas, a veces monstruosas. Sin embargo, el autor no las siente así, en la complejidad o la sencillez. A través de esos retratos anónimos, incluyendo los monjes, a los cuales se agrega algún autorretrato -¿de parecido interior?-, él une disciplina y pasión, pero el enigma persiste. ¿Quienes son en el teatro de Aquiles Azar esos personajes? Simplemente se adueñan de un instante vital? ¿O sirven de pretexto, infinitamente gozado, a la escritura familiar?  Aquí no creemos fundamental una lectura cronológica.

Ahora bien, de repente, en el 1996, surgió la ruptura, un Aquiles Azar expresionista… abstracto, gestual, curiosamente “japonizante”: escritura, alfabeto, ideograma, de corte orientalista, a tinta en blanco y negro, manchados con color, etc…  Estas obras constituyeron una revelación.