Araucaria no es sólo un árbol

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POR DOMINGO ABRÉU COLLADO
Aunque pertenece a un árbol: un abietáceo chileno que crece hasta los 50 metros de altura, el nombre pertenece también a un programa que es el principal instrumento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para la protección del medioambiente y el desarrollo sostenible en Iberoamérica.

Según su propia definición, “el Programa Araucaria se centra en algunos de los ecosistemas más singulares por su diversidad biológica y cultural, llevándose a cabo actividades que persiguen luchar contra la pobreza y evitar la degradación medioambiental”.

Araucaria trabaja en varios países de América Latina: R. Dominicana, Venezuela, México, Costa Rica, Ecuador, Perú y Bolivia. Argentina, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua iniciarán pronto sus proyectos respectivos.

En la República Dominicana, el Proyecto Araucaria-Bahoruco inició su primera fase entre los años 1999 y 2005 con la Oficina Nacional de Planificación, funcionando ésta última como entidad contraparte, y contando además con la colaboración de diferentes instituciones gubernamentales -como la Secretaría de Medio Ambiente- y organizaciones no gubernamentales.

La finalidad de este proyecto es alcanzar el desarrollo local a través del manejo adecuado de los recursos naturales, haciendo coincidir este manejo con la conservación de la biodiversidad y con la mejoría de la calidad de vida de las poblaciones locales. Se trata de estimular entre estas poblaciones la generación de alternativas productivas sostenibles. Es decir, que las formas de sobrevivir de la gente no pongan en peligro los recursos que tendrán que utilizar luego otras poblaciones en el futuro.

En nuestro país, el Programa Araucaria-Bahoruco actúa en la provincia de Pedernales. “Con una población de más de 21.000 habitantes, un 90% de las familias viviendo con unos ingresos mensuales inferiores a los 75 dólares y casi un 50% de los hogares sin acceso al agua potable, Pedernales, convertida en una de las regiones más pobres del país, acumula también una serie de problemas como son la deforestación de las cuencas, el déficit hídrico, la escasa rentabilidad de los cultivos, el uso inadecuado del suelo, la escasa participación de la población en la gestión de los recursos naturales y en el ámbito urbano, la acumulación de basuras y la contaminación de las aguas”.

Los técnicos del Programa Araucaria-Bahoruco destacan además el hecho de que Pedernales “todavía presenta una alta biodiversidad y gran endemismo”, pero eso se debe seguramente a la misma escasa presencia de habitantes. Destaca igualmente de Pedernales los “atractivos paisajísticos que son necesarios conservar y usar en forma sostenible para que una población joven y activa pueda desarrollarse en su propio lugar de origen”, pero la sostenibilidad sigue siendo un recurso retórico utilizado tanto por ecologistas como por desarrollistas: los primeros en demanda de la preservación de los recursos naturales para que siempre hayan; los segundos para “sostener” que sus esfuerzos al sustituir esos recursos tienen el propósito de garantizar la “sostenibilidad” de la población humana. O sea, destruir para construir.

AREAS DE INTERVENCIÓN
“El Programa Araucaria se fundamenta en 3 áreas:

1. Area de gestión ambiental: Trabajando en la conservación y la gestión de los recursos naturales en su más amplio sentido, no limitándose a la conservación de la biodiversidad sino extendiéndose también a la gestión sostenible de los recursos naturales bióticos y no bióticos: agua, tierra, atmósfera.

“2. Area de desarrollo económico: Impulsando acciones que mejoren la calidad de vida de las poblaciones locales aprovechando el uso sostenible de los recursos naturales y el empleo de tecnologías que sean ambientalmente amigables. Se trata de ofrecer oportunidades de mejorar económicamente a los estratos más pobres, usualmente excluidos de los procesos económicos.

“3. Area de desarrollo social: Garantizando la participación de los grupos locales en la toma de decisiones, la solución de los problemas ambientales y la reducción de la pobreza”.

En cuanto a las herramientas que utiliza Araucaria para su trabajo se da relevancia a los “proyectos integrales”, que constituyen “experiencias piloto de desarrollo sostenible en zonas elegidas por la presencia de valores emblemáticos desde el punto de vista ecológico. “Líneas temáticas”, que agrupan proyectos especializados que favorecen el cumplimiento de los objetivos de desarrollo del Milenio y los compromisos de Johannesburgo. Y “actividades horizontales”, aquellas que intentan apoyar, divulgar y conectar las diferentes experiencias que se desarrollan en Iberoamérica y facilitar la integración de los contenidos del Programa. Se engloban en las categorías de formación, investigación, redes y comunicación.

LA BIODIVERSIDAD PARA ARAUCARIA

“El desarrollo humano depende en buena medida de la biodiversidad. Hoy día conocemos el uso de menos del 2% de todas las especies vivas, pero además, de las 5000 plantas alimenticias, sólo 4 cultivos conforman el 63% del consumo mundial de carbohidratos, y 6 variedades de peces constituyen el 25% de todas las capturas marinas. De esta forma, apostar por la utilización de unas pocas especies tiene el doble riesgo de generar la extinción de muchas otras cuya utilidad desconocemos (por ejemplo miles de especies con valor medicinal) y de crear un edificio económico poco diverso y vulnerable a un eventual cambio ambiental en el futuro.

“La biodiversidad ofrece un poderoso acervo de información genética de especies que han evolucionado por millones de años adaptándose a condiciones cambiantes. El principal beneficio de la biodiversidad no es el uso directo de las especies, sino el funcionamiento equilibrado de los ecosistemas.

“La provisión de agua potable, la regulación del clima, el control de la erosión y de la desertización, la fertilidad de los suelos, el combate a las plagas, el mantenimiento de los pastos, la renovación de la pesca y el tratamiento de desechos, así como otros servicios ambientales del tipo de prevención de desastres naturales, las opciones para el ocio y el turismo o la propia capacidad de la naturaleza para regenerarse, todos dependen de las funciones de la biosfera, de mantener las funciones básicas de unos ecosistemas que han encontrado su equilibrio a lo largo de los siglos”.

UN TEMOR QUE TIENE FUNDAMENTO

La Agencia Española de Cooperación Internacional -entidad que sostiene económicamente al Programa Araucaria- respaldó trabajos realizados en el Parque Nacional del Este hace algunos años.

Esos trabajos en el PNE sirvieron para dar a conocer en la República Dominicana y en otros países -incluyendo a España, naturalmente- el valor natural y cultural de ese Parque, relevando además las grandes posibilidades que para el desarrollo turístico posee dicha área protegida.

Dando seguimiento a esos valores del PNE, se construyeron algunas infraestructuras también con fondos de la Cooperación Española, las que servirían para facilitar el manejo ecoturístico de una buena parte del Parque Nacional del Este.

Sin embargo, años después, resulta que inversionistas hoteleros españoles, que se suponen bien informados en relación con las áreas en que se interesan, se preparan para la compra y ocupación de zonas de ese Parque que fueron trabajadas e importantizadas por la Cooperación Española, no para ser invadidas por hoteles, sino para ser conservadas tomando en cuenta su importancia para la diversidad biológica de esa parte de la República Dominicana, y su importancia no menos relevante, para el acervo arqueológico e histórico de este país.

El gran temor, en el movimiento ecologista dominicano, es que estos trabajos de la Cooperación Española sean tomados como referencias para la ubicación de sitios ideales en El Caribe para el desarrollo de proyectos turísticos que nada tienen que ver con el desarrollo sostenible, ni con el mantenimiento de la biodiversidad, y mucho menos con la mejoría de la calidad de vida de los dominicanos.