“Arepas y empanadas venezolanas” en la geopolítica caribeña

Bajo el pregón “arepas y empanadas venezolanas”, los venezolanos se han lanzado a las calles de Santo Domingo en un intento de ganarse la vida honestamente. En medio del creciente asombro de los dominicanos que empiezan a sentir que “hay muchos venezolanos”, algunos se han visto involucrados en actos delictivos diversos, lo que ha llevado a periodistas como Claudio Acosta a preguntarse “si no habría que crear una cárcel especial, solamente para ellos”.
Surgiendo los estereotipos y prejuicios hacia los últimos en llegar, se dice- que están compitiendo con la mano de obra local, que hay lindas prostitutas que desplazan las nacionales, que sus médicos ejercen aquí – rompiendo con la tradicional hospitalidad que nos ha caracterizado. Circulando en las redes una serie de mensajes orientados a desmejorar la imagen de los venezolanos.
Resulta novedoso ver estos recién llegados, acompañados de envases plásticos, ofertando su mercancía, entrando a competir en el comercio informal con haitianos y dominicanos, mendingando algunos en los lujosos centros comerciales de la capital.
Conociendo las riquezas que encierra Venezuela y, los muchos grupos de inmigrantes que acogió desde finales del siglo XVIII, cuando empieza el boom petrolero, y hasta los años 80 del siglo pasado – cuando se inician las crisis económicas -, debemos preguntarnos ¿Hacia dónde se ha ido la riqueza?
En la región caribeña, donde existe una movilidad migratoria interregional, ningún país tiene las capacidades para aceptar un flujo masivo de venezolanos. Su presencia se ha hecho sentir en toda Latinoamérica: se cree que más de un millón de ellos están viviendo fuera de su patria.
La llegada de este nuevo flujo de emigrantes al país se debe a nuestros históricos contactos entre ambos grupos humanos, que se remontan a la época precolombina, y en la actualidad, a las extraordinarias relaciones entre los gobiernos PLD con Hugo Chávez – desde antes de que este último asumiera el poder -, lo que condujo a la compra de petróleo a precios privilegiados, y a la excepción del visado para los venezolanos.
La Venezuela del Socialismo del Siglo XXI, productora de petróleo, es una sociedad violenta, corrupta, endeudada y militarizada, alcanzando unos niveles de pobreza que lleva a los hospitales a colocar los recién nacidos en cajas de cartón, y a sus nacionales a incursionar en zafacones en búsqueda de comida, dada la inflación del 150%, en medio de una crisis humanitaria que acelera la salida de la población.
República Dominicana, en su doble condición de emisor y receptor de migraciones, debe prepararse para recibir un éxodo que apenas comienza, dada la tradición de movilidad entre ambos países y los extraordinarios vínculos de amistad entre ambos gobiernos.
Los dominicanos han sido acogido por Venezuela en momentos críticos de la historia local, siendo el más notable el patricio Juan Pablo Duarte, en 1845. Desde la colonia y hasta nuestros días, el flujo ha estado marcado por causales que remiten a crisis económicas y dictaduras, en ambas sociedades.
La década de los años 70 registra el flujo más importante, con una población de 60 mil dominicanos residenciados en ese país, de los cuales unos 30 mil eran ilegales.
Nos está llegando una población joven y económicamente activa que, cuando asumió al poder Chávez, tenían 5 a 15 años y que fluctúa hoy entre 20 a 35 años. Produciendo el reagrupamiento familiar, mediante la cadena migratoria.