Argumentos fallidos

POR WILL LAJARA
La selección del candidato de un partido es un componente esencial del proceso democrático. Este proceso denominado elecciones primarias, aparte de decidir quién será designado en la boleta, resuelve un importante problema inherente a todo modelo pluralista. Ante la multiplicidad de ofertas, los votantes solo pueden hacer una selección significativa cuando pueden conocer algo concreto de cada candidato, contrastarlos y hacer la selección que mejor les parezca.

El contraste es clave. En la medida que un candidato se diferencia de otro, los votantes cuentan con mejores elementos de decisión. Las campañas internas o primarias proveen el escenario propicio para que los aspirantes puedan contrastar sus ideas o sus programas de gobierno ante los potenciales votantes.

A pesar de su importancia, en nuestro país muchos han llegado a sentir temor por las primarias. Esto así por la propensión al uso de argumentos más lacerantes que persuasivos, como los que el grupo de dirigentes que asumió la ofensiva inicial en las primarias peledeístas está utilizando.

Uno de los primeros se refirió al precario nivel de institucionalización del Estado dominicano, para actuar como retén efectivo al uso de los recursos del Estado de un incumbente-candidato. Cierto que en el pasado la reelección sin limite frustró el necesario relevo en el poder, además de otros desmanes. Pero quienes así opinan olvidan que en los últimos siete años, a pesar de ese supuesto vacío institucional, los procesos políticos locales enajenaron del poder, aún con el control absoluto de las finanzas públicas, a dos partidos en ejercicio y sus respectivos candidatos. ¿Hay o no pues, mecanismos de control que cumplen con su cometido?. Al final de cuentas está visto que en cualquier sistema, el problema es que haya condiciones para una verdadera libertad electoral. La voluntad popular hará el resto.

Ha habido también acusaciones de oportunismo electorero, cuando en realidad deberían hablar de institucionalidad electoral respetada. Olvidan que en el 1999, cuando el orden vigente no se lo permitía, el doctor Fernández se abstuvo de competir. Una actitud que le granjeó acusaciones de falta de voluntad de poder. Ahora que el orden institucional vigente se lo permite, por demás fruto de un ordenamiento establecido por iniciativas de una organización ajena a la suya, ¿como pedirle que se abstenga de acceder a esa posibilidad?. La historia de los regímenes más estables del globo lo confirman: la repostulación presidencial no es incompatible con la democracia.

A nuestro modo de ver, cada día es más evidente que el anti-reeleccionismo tiene muy poco de principio y mucho de utilitarismo. Como existen tantos aspirantes y tan poco tiempo, este es uno de los argumentos con que se pueden asegurar los que desean llegar, de que habrá una rotación rápida de los que ya llegaron. Por eso en cualquier tipo de campaña electoral, la verborrea antireeleccionista es sistemáticamente empleada por los que se consideran desfavorecidos por los regentes de la franquicia política o carecen de suficientes méritos propios para ganarla en buena lid.

¿Y qué decir de los argumentos de los legados? ¿Acaso es cierto que un triunfo de la precandidatura del presidente del partido oficial, equivalga a un triunfo del legado político de Joaquín Balaguer?. Más bien hay que decir que si el Presidente Fernández se hubiera sustraído de competir, habría triunfado el criterio de Hipólito Mejía. Y estoy seguro de que recordando lo que nos legó el PPH, son pocos los que hoy quieren nada de esos residuos.

Vistos estos argumentos fallidos, es nuestra convicción de que el evento del próximo 6 de mayo será tan solo una refrenda de los gananciosos porcentajes que las encuestas de opinión otorgan al jefe de Gobierno. Nuestros anhelos más bien van dirigidos a que llegado el momento, los vencidos asuman una actitud constructiva respecto al nuevo orden que se establecerá a partir de esta fecha. Esperamos que por el bien del partido y de la sociedad que les sigue, esta decisión sea rápida y entusiasta.

Compartiré con ustedes el juicio de un ingenioso chef andaluz, que de manera sencilla me ilustró las consecuencias que podrían presentarse, si al final de la jornada no prima la conveniencia del grupo. Me dijo: “…algunos os habéis dado el lujo de despotricar en el almuerzo. Pero gústeles o no, tendrán que cenar juntos. Y si no lo hacéis así, mañana no habrá desayuno…”