Aristide: solo quiero paz para Haití

http://hoy.com.do/image/article/19/460x390/0/CF32EBED-9C31-4459-BC48-2391EEA8E76D.jpeg

PUERTO PRINCIPE.- El ex-presidente Jean Bertrand Aristide dijo este jueves que solamente quiere la paz para Haití, cuyo Primer ministro Gerard Latortue descartó reorganizar el Ejército que Aristide disolvió en 1995, y dijo que eso le corresponde a un gobierno electo.

“Quiero la paz para Haití. Quiero la paz para Jamaica, para el Caribe y para todo el mundo, en todas partes”, dijo Aristide, refugiado desde el lunes en una casa de campo en Lydford, St. Ann, centro de Jamaica, donde tiene previsto permanecer unas 10 semanas.

“Quiero ser parte del proceso de promover la paz”, agregó el derrocado mandatario haitiano, que voló hacia la República Centroafricana el pasado 29 de febrero.

Aristide aseguró que nunca aprovecharía la hospitalidad que le otorgó Jamaica “para hacer cualquier cosa política o que dañe el proceso de paz en mi amado país de Haití”.

[b]Aristide crea polémica[/b]

La presencia de Jean Bertrand Aristide crea polémica en Jamaica, donde muchos aseguran que provocará un mayor derramamiento de sangre en Haití y los enfrentará a Estados Unidos, de cuyo turismo y explotación de bauxita sobreviven.

La controversia sobre la invitación del primer ministro jamaiquino, Percival Patterson, al ex presidente haitiano acapara los programas de radio y televisión, la sección de cartas de los diarios, las charlas en los bares y los debates universitarios.

Una encuesta en línea realizada por Radio Jamaica (RJR), la principal emisora del país, indicó que de 9.102 votos, el 57% rechazó la estadía de Aristide en esta isla caribeña, mientras que el 43% la apoyó.

[b]Pocos entregan armas[/b]

La fuerza internacional de paz apostada en Haití enfrenta el desafío de recolectar las armas que posee la población, pero hasta ahora sólo consiguió que los residentes entregaran una pequeña pila de armamentos viejos y oxidados.

A diferencia de lo que sucedió hace 10 años, cuando la tropa extranjera ofrecía dinero a cambio de las armas empleadas por pandilleros y ex soldados, los haitianos reciben escasos o ningún incentivo para deponer sus armas ahora, en medio de un ambiente de inseguridad.

“Entregué mi revólver, pero si no comenzamos a prestar atención a las escuelas y clínicas de nuestro vecindario, encontraremos otras armas. Lucharemos por un cambio con machetes, si es necesario”, dijo Jacques Pierre, mientras entregaba a los soldados franceses unas 50 pistolas junto a residentes del vecindario Cité Soleil.

Seguridad y desarme se convirtieron en palabras clave después que el presidente Jean-Bertrand Aristide abandonó esta nación caribeña el 29 de febrero, en medio de una rebelión popular que amenazó a la capital, Puerto Príncipe.

Aristide dijo que fue obligado a abandonar el poder por Estados Unidos, que niega esas acusaciones y sostiene que sólo ayudó al líder y su esposa a efectuar los arreglos para volar hacia la República Centroafricana, donde permaneció exiliado.

Esta semana Aristide viajó a Jamaica para reunirse con sus hijas.

Un gobierno interino asumió el poder el miércoles, pero demandará meses reconstruir la fuerza policial, y desarmar a los grupos que comenzaron con el alzamiento popular, y a los leales que buscan el regreso de Aristide.

Con escasos recursos, el primer ministro Gerard Latortue se vale de las fuerzas de paz internacional para que ayuden a la policía y comiencen a desarmar a las pandillas en este país de ocho millones de habitantes.

En esta oportunidad, la tropa estadounidense ha recuperado sólo dos escopetas y sus colegas chilenos, han confiscado tres armas.

“El desarme es sumamente importante, pero si los pandilleros aún tienen armas no será un país seguro”, dijo el brigadier general Ronald S. Coleman, comandante de la tropa de paz.

En mayo llegará una fuerza de paz la ONU, pero no se sabe aún si participará en las acciones de desarme, dijo Frederick Schottler, portavoz de las Naciones Unidas en Haití.

Los franceses, que entienden mejor la lengua creole de los haitianos, tratan de anticiparse a los problemas. Con la colaboración de la policía, tratan de conversar con los residentes de los vecindarios pro-Aristide, donde hay enfrentamientos casi a diario.