Arjona aún  quiere
vivir el “5º piso”

Con el tiempo todo cambia. Por eso dejó de ser un animal nocturno que pedía a gritos que le dejaran decir te amo y se convirtió en el habitante de un “5to.  piso” en el que quiere quedarse a vivir por un buen tiempo.

Mientras lo hace, y resguardado con celo por quienes están con él, Arjona develó parte de sí y de lo que serán sus conciertos durante una entrevista realizada por la vía telefónica. Durante ella, aunque será imposible dibujar el color de su alma ya que eso sólo se descubre a través de la mirada, habló además de lo que significa la República Dominicana para él.

El espectáculo. Con la puesta  en escena más grande e importante de toda su carrera, Arjona se presentará en Santiago y Santo Domingo el jueves y sábado próximos, respectivamente.

Pero quienes asistan a los conciertos descubrirán, tal como cuenta Arjona, que esa gran producción no romperá con lo que han sido siempre sus recitales: un cita en la que  mantiene un gran  nivel  de intimidad con la gente.

“Estoy muy contento porque tenemos algo que puede brindar un espectáculo muy especial a la gente y, al mismo tiempo, tenemos esos momentos especiales que yo busco para emocionarme yo y al mismo tiempo emocionar a los demás”, adelantó.

Esa emoción viene de la mano del “5to. piso”, ese último álbum que está viviendo, padeciendo y disfrutando con tanta intensidad que  no tiene ninguna intención de iniciar una nueva aventura musical.

Y es que esta gira, como dice, apenas acaba de comenzar. “Hicimos algunas cosas  en México,  hicimos la gira en España y luego vinimos para acá; venimos justamente de Puerto Rico  y ahora estamos en Santo Domingo“, expresó.

 Al hablar de sus presentaciones en el país, inevitablemente, viene a la memoria  la demanda que piensa entablarle Saymon Díaz por presunto incumplimiento de contrato. Arjona, parco al hablar de ello, no entiende qué es lo que está pasando.

“Lo único que te puedo decir es que se dicen muchísimas cosas, he trabajado con esa persona (Saymon Díaz) en fechas anteriores; me parece un tipo bastante respetable, no entiendo mucho lo que está pasando pero no voy a abordar más el tema porque me parece que no vale la pena”.

Volviendo al concierto, Arjona asegura que venir a Santo Domingo es una fiesta para él y para las 40 personas que le acompañan. ¿La razón? Este país, que a su juicio es la parte del Caribe “más latina que ninguna”, le gusta tanto que no dudaría en volver a grabar uno de sus videos aquí (ya lo hizo en Miches y Samaná).

Ahora bien, ¿qué es lo que más le gusta de la República Dominicana? “Me gusta su gente, la naturalidad; esa manera de ver el mundo de la piel para afuera y no de la piel para adentro, como la vemos los que estamos un poquito lejos del mar”.

De la mentira a la religión.    Con canciones de contenido social que plantean el cambio que debe registrarse en América Latina, Ricardo Arjona nunca formaría parte activa de ese cambio. No al menos desde la política.

“No me gusta la política. Mi papá dice que la política es el arte de mentir y yo creo que la mentira se ha hecho una especie de común denominador en el ser humano, pero una cosa es esa mentira cotidiana y otra cosa esa mentira que se da a los pueblos y acarrea tantos problemas”.

Sin posiciones absolutas, Arjona ha escrito en contra de los dogmas, pero a favor de la fe; contra el aborto, pero a favor de la homosexualidad. Lo suyo es, asegura, un proceso total de evolución, crecimiento y aprendizaje.

“La persona que se forma de una manera a cierta edad, y continúa siendo exactamente el mismo  hasta el día que se muera de viejo, me parece que se perdió la batalla más interesante de la vida cotidiana, que es la contradicción”.

Producto de ese crecimiento y esa contradicción, hay canciones que jamás volvería a escribir. Otras, como “Te conozco”, las escribiría de una forma muy distinta el día de hoy.

Pero, ¿por qué  escribirlas de forma distinta? Arjona explica que algunas  canciones quedan en aquel pasado al que una vez pertenecieron. Todo porque nadie puede seguir siendo  consecuente con lo que fue hace diez años, según asegura el cantautor, ya que eso sería como  ponerle una pausa al aprendizaje y cerrarle las puertas  a lo que pueda venir después.

Para explicar mejor su ruptura con los tiempos hay que   hablar de su  primer disco,

“Déjame decir que te amo” (1985), que fue la antítesis de lo que él  quería ser como artista.

Por esa razón, tal como señala Arjona, no es hasta el año 1990  que se siente un artista con personalidad propia. ¿El disco responsable? “Jesús es verbo, no sustantivo”, del que se desprende una canción que define a la perfección su comunicación  con Dios: una directa, “sin pasar por ningún tipo de sucursales”.

Imperfecto y feliz.  Con muchísimos defectos, Arjona es de los que apuesta a aceptarse tal como es,  aprendiendo a ser feliz y a llevarse bien consigo mismo. Por ello, nunca borraría ni los más grandes errores que ha cometido en la vida.

“La gente  anda por la calle intentando encontrar la perfección y tiene dos grandes problemas: uno que no la va a encontrar nunca; dos, que se le va a ir la vida en esa búsqueda”, dice al tiempo de señalar que no tiene miedo de equivocarse.

Así, sencillo y con una melodiosa y agradable voz, es él. Un hombre que  no le gusta definirse porque prefiere hacer un ejercicio cotidiano de improvisación para no encasillarse.

Sobre su corazón

Con las puertas abiertas

“Los corazones no dependen de lo ocupados que estén, sino de lo interesados que estén”, dice Arjona cuando se le pregunta por su estatus sentimental. Posteriormente, y sin ponerle un termómetro a su nivel de interés, confiesa que está compartiendo su vida con alguien.

Sin entrar en detalles personales, porque es algo que sólo le pertenece a él, cabe preguntar: ¿cómo se maneja cuando está con alguien? ¿Le habla en verso, como en las canciones o le canta al oído? Ni uno ni lo otro: Arjona es un hombre normal.

“Tengo las mismas dificultades que tiene la mayoría de  hombres para decir las cosas. Los hombres somos animales a los que se nos enseñó a mostrar muy poco nuestros sentimientos, eso nos hace seres tremendamente débiles; besamos poco, decimos te quiero muy pocas veces, abrazamos poco, tenemos muy pocas manifestaciones, porque así se nos enseñó de niños”.

Con imposibilidad de llorar con frecuencia, por aquello de que no se debe hacer, Arjona admite que padece de todos los males de la educación machista.

¿El antídoto? Exorcizarlos a través de las canciones. “Creo que me dedico a esto justamente por eso, porque me gustó la reacción que provocaba una canción mía cuando la escuchaba una mujer”.