Arte: caprichoso y extraño, pero cierto y verdad

Arte: caprichoso y extraño, pero cierto y verdad

Rubén Darío, egregio poeta latinoamericano.

El arte da lo que nunca se entrega: sentimiento, aroma, luz cegadora que turba los sentidos; en su expresar deja huellas de penas y alegría en el alma.

El arte es hombre, macho viril, vital, valiente, arriesgado. También es mujer, frágil, sutil, femenina, hermosa, sensual, voluptuosa y fértil.

El arte es el camino de la vida, entrañable destino de las mejores formas de amor, desafío de soñar, de existir, de vivir.

Arte: camarada de ideas, de luces del pensamiento, el más caro sentir.

Arte: lujuria, ternura, lucha tenaz, jornada del encanto, tormenta de la conciencia. Fuego que lo arrasa todo, quietud del pensamiento, inquieta sensación de angustia, final triste o feliz; no importa.

El arte, por su excelsa condición, puede ser tantas cosas a la vez. Suele ser inconclusa actitud, vaga presencia de la ilusión, soñada condición que palpita en el entorno de la belleza.

El arte es además la fuerza telúrica que todo lo agita, sustento o verdad de un hecho cierto, epopeya de la infinita ternura, del coraje, de la angustia, del deseo, de un florecer de la inquietud, la más sutil canción que entona la vida, el trueno que despierta el maravilloso acontecer de lo creado. Experiencia infinita de los placeres del espíritu, principio y fin del hombre artista.

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Arte: caprichos de soñador y poeta, fiesta de la razón, tormento de los quehaceres del alma, loca misión de aventuras, crisol donde se tibia el hálito vital de la belleza. Documento de fina estampa, de grácil manera, regalo del pensar, culto o popular, bálsamo encarnado en dudas, certezas, sorpresas y la plena semblanza de un acto de fe.

Arte: cofradía de sueños soñados, coloquio de todos los pesares y todos los deseos, gemir del alma, tierna poesía que vaga y dice de los quehaceres más exquisitos. Sombra fresca que apacigua el espíritu, profana oración que evoca los traviesos demonios de la conciencia. Rumbo del mundo, nave anclada en el más hondo sentir de la tragedia, en las entrañas del hombre en su eterno sino de vivir y morir.
Arte: susurro al oído que estremece el cuerpo y acongoja el pensamiento. Lluvia fresca que acaricia en su caer el frágil y sencillo bienestar que nos da la vida.

Arte: conspiración a la simple e insípida manera de vivir, revuelta armada de inquietudes contra el tedio y la desidia, el más guardado secreto que se lleva como prenda preciosa en los linderos del corazón.
El Arte: relámpago de luz brillante que alumbra con intensa claridad los confines de los cielos.
Sol que arde y calcina las entrañas del universo, sol que tibia el alma, calor de amores.
Arte: compinche de la ternura.

El hombre cuando hace esquina con el arte, deja de ser lo que fue; hombre común, normal, hombre de grupo.

El Arte lo transforma, conoce parte de la verdad del mundo, en su existir vibra como espiga al viento, hace planes del conocer, siente en sus adentros lo que nunca sintió, es otro ser; siente el placer de los privilegiados, su existencia es un legado de gratas sensaciones; su mundo es otro, ese otro mundo cuando te amigas con el arte, el mundo de las más gratas y cálidas reflexiones.

Amanecer de luces y colores, aurora de canciones que anuncian el más hermoso destino del hombre.
El Arte es como la palabra del héroe: clara, lucida, transparente, locuaz, aguerrida, palabra que en su decir deja su marca para toda la vida, palabra comprometida, palabra que arrastra su dejo de ternura y su acopio de verdad.

El arte es como darle un dulce abrazo a la vida, presentir la llegada de lo esperado, sentida presencia de las mejores cosas, mensaje de amor, afecto y fantasía.

Cuando el arte asoma, se estremece el alma, la ilusión arropa el sentimiento, se aviva el alba y sus colores de ensueño.

Arte: fugaz o permanente, eterna vigilia, compañero en el tiempo, compañero de siempre. Agua fresca y clara de lluvia en la tarde que anega el estero.

Penetrante mirada que transita fugaz en la oscura noche plagada de estrellas.

Entonces, para ser más ciertos, el arte es como algo extraño que sintió en la mente el Bardo de Nicaragua, el Príncipe de las Letras, cuando dijo de manera queda e íntima a su Princesa Paca:

“En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría

En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín. A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín, o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría, triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

«¡Oh, reina rubia!? Díjele?, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar». El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida”

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