ARTE CONTEMPORÁNEO
En el Labeac ¡Reencuentro con Carlos Goico!

El Laboratorio Evolutivo de Arte Contemporáneo, ubicado en el primer nivel del edificio Conde 15, frente a la Catedral Primada de América, Ciudad Colonial, ha iniciado el calendario expositivo del 2013 con la exposición titulada: “Reencuentro con el Fauno”, en homenaje póstumo al artista dominicano Carlos Goico, fallecido en un taxi la noche del 10 de julio de 2009, mientras se dirigía a un encuentro fraterno en la galería de su amigo y admirador, Manuel Bolos, en pleno corazón de Santa Bárbara.

“Reencuentro con el Fauno” es una muestra curada por la artista Iris Pérez, quien ha reunido más de cuarenta obras, entre pinturas y dibujos, ejecutadas por el genial artista dominicano en distintas épocas y medios, incluyendo algunos de sus trabajos realizados en los días previos a su repentino fallecimiento. La exposición incluye la presentación de vídeos y coloquios sobre la vida y la obra de Carlos Goico con la participación de artistas, críticos, curadores y amigos que en vida estuvieron muy cerca de quien ha sido considerado como el artista dominicano más independiente de nuestro tiempo, así como uno de los exponentes más creativos y originales de la plástica nacional.

Este reencuentro con la obra de Carlos Goico en el Laboratorio Evolutivo de Arte Contemporáneo no es más que un “pretexto” para recordarle y una nueva oportunidad para comenzar a poner en valor su fascinante obra pictórica y dibujística. En realidad, “Reencuentro con el Fauno” es una muestra basada en un mínimo extracto de la extensa y variada producción de Goico. Las obras proceden de las colecciones de Iris Pérez, Rosalba Hernández, Manuel Bolos, Thomas Donnelly, Gianfranco Lanzetti, Ramón Mateo, Tony de Moya y Viriato Pernas Piantini. Tal como lo han anunciado Iris Pérez, Rosalba Hernández y Thomas Donnelly, se trata de un avance de la gran retrospectiva que, incluso antes de la muerte del artista, teníamos proyectado organizar de manera simultánea en varios espacios culturales más importantes de la Ciudad Colonial.

En un texto titulado “Carlos Goico: desayunando con pintura en la Ciudad Colonial” (HOY/Areíto/17-07-2009), quien suscribe hacía referencia a lo expresado sobre Goico por su mayor cuate y patrocinador, René Rodríguez Soriano: “No atino a recordar ni lugar ni momento preciso de mi primer encuentro con Carlos. No creo que tenga importancia ahora. Lo conocí. Puedo contar cientos de historias llenas de colores ocres, pardos, mustios, relacionadas con Carlos, relacionadas con una resbalosa realidad que, aunque se intentara empañar con óleos o acrílicos, tiene color y vida.

“Pero no las contaré. Pudiera hablar del día en que la contadora entró corriendo a mi oficina para anunciarme que, agresivo, Carlos andaba destruyendo azules y rojos intensos en plena calle. Venga a ver -me dijo- acaba de quebrar un cuadro, tiene unos ojos rarísimos. El rojo es amor, René -me desarmó Carlos, con su mirada de niño sorprendido en el instante mismo en que acaba de derramar la leche sobre el punto de cruz que bordaba la abuelita-. Pero no, tampoco hablaré del otro día en que, pálida como una lámpara, la recepcionista llamó a Juan Freddy porque Goico -por amor- quiso pintar un fresco con su sangre sobre la alfombra de la agencia…La realidad es simple: Carlos existe y, en cierto modo, si no somos todos, casi tengo la razón. Todos somos Carlos. Si la ternura fuera un trazo rojo intenso que nos golpeara la vida con locura, todos conoceríamos a Carlos. Si la alegría fuera un pez chorreando de azul por la avenida de la tarde que se puebla de amarillas consecuencias, todos soñaríamos con Carlos”.

 La personalidad artística de Carlos Goico se caracterizaba por su exquisita sensibilidad; por su manera afable y alegre y por el cálido abrazo con que siempre nos salía al encuentro en los infinitos y fantasmales resquicios de la Ciudad Colonial.  Goico solía  instalar su “taller” en cualquier espacio de la calle el Conde; en el garaje del antiguo cine Colonial; en la “cama” de un camión destartalado de la calle Santomé o en algunos  bares y antros de la bohemia citadina como el Falafel (Sánchez con Padre Billini), cuyo segundo piso ha sido designado con su nombre por Isaac, uno de sus más entusiastas amigos y mecenas. Este espacio sirve hoy de galería para la exposición permanente de sus obras.

 La obra de Carlos Goico ha sido exhibida junto a las de los  grandes maestros de la pintura dominicana, muchos de los cuales, en vida, lo respetaron y reconocieron como artista único y auténtico creador de un universo visual que aporta hallazgos y obras esenciales al expresionismo y al arte dominicano de la modernidad. Asimismo, para Thomas Donnelly, coleccionista y especialista en arte moderno europeo, el caso de Carlos Goico es una verdadera revelación y se torna más interesante al considerar que su obra constituye un puente o diálogo espiritual digno de estudio entre algunos representantes del posexpresionismo europeo, tales como Karel Appel, Asger Jorn, George Baselitz y algunos representantes esenciales del expresionismo abstracto norteamericano.

A pesar de que algunos seudocríticos puedan considerar que Carlos Goico tuvo una vida llena de vicisitudes y de que otros cronistas desprevenidos, por más que se sientan atraídos por su legado o se esfuercen en comprender la naturaleza insondable del mito indestructible que Goico llegó a materializar con belleza única y gracia inevitable (que no son más que los maravillosos efectos de la relación vida-obra en su caso particular), me consta que siempre enfrentó esta misma relación con su eterna sonrisa, con un espíritu libre y  puro y que encontró su plena felicidad en la vitalidad de sus colores y transfiguraciones incesantes; en las calles y zaguanes de la Ciudad Colonial; en los amigos y admiradores que de verdad apreciaban su arte; en los encuentros y diálogos espontáneos que se armaban en su presencia o que él mismo desataba, así como en la calidez y fraternidad de quienes le respetaron y siempre le extrañarán.

CARLOS GOICO

 Nacido en Santo Domingo (1952), Carlos Goico se formó artísticamente de manera autodidacta. Ya en su adolescencia rechazó los preceptos academicistas. Frecuentó asiduamente los talleres de grandes artistas como Eligio Pichardo, Ada Balcácer y José Cesteros. Entre sus exposiciones, destacan: Biblioteca Nacional (1976), Casa de Teatro (1983), Codia (1986), Biblioteca Nacional (1990), XVII Bienal Nacional de Artes Visuales (1990),  Concurso E. León Jimenes; Universidad de Puerto Rico/Simposio Afroamérica y su Cultura Religiosa (1997) y Centro Cultural de España (2002).

Participó en varias ocasiones en la Bienal Nacional de Artes Visuales. Hacia principios de la segunda mitad de los 80, a raíz de la muerte de su madre y de una serie de acontecimientos que le impactaron emocionalmente, Carlos Goico se internó en el Hospital Psiquiátrico Padre Billini, donde permaneció libremente hasta principios de los 90, compartiendo con pacientes, psicoanalistas y visitantes. De esta experiencia resultaron varias exposiciones con dibujos, pinturas y collages realizados por él y sus “alumnos”, constituyendo una experiencia trascendental en lo referente a la relación entre arte y sociedad en Santo Domingo.