Arte Contemporáneo
LUZ SEVERINO en el Museo de Arte Moderno

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Sobre los territorios esenciales de la sensibilidad.  En una trayectoria que traspasa  décadas, se establece como pintora de nivel internacional.

Desde la noche del pasado viernes 8 de febrero el  Museo de Arte Moderno exhibe en su sala del sótano una rigurosa selección de la obra pictórica reciente de la reconocida artista dominicana-residente en Martinica- Luz Severino(1962).

Incluyendo una instalación, el cuerpo expositivo de “Salir del Hoyo”, esta compuesto por una serie de obras ejecutadas al óleo sobre tela de formatos respetables que nos revelan los efectos de las penúltimas especulaciones  de Severino sobre su propio proceso creador; sobre el tiempo que le ha tocado vivir;  sobre unos personajes que ya no son expresiones transfigurales, sino más bien puras imágenes mutantes, celajes, ficciones, presencias des-encarnadas, asomos de la memoria, espejos, visiones extractadas desde lo real y lo no real.

El universo simbólico plasmado en estas obras activa a través de una fantasmática deslumbrante,  de unos espectros que despiertan, acechan, se incorporan, se deslizan, ascienden, se imponen y luego se des-materializan con asombrosa plasticidad en unos juegos de superficies, planos y texturas de atmósferas “contaminadas”, frío-calidas, refulgentes,  cromáticamente refractarias, sutil e intensamente encaladas.

 “Salir del Hoyo” es un título especular  donde resuena una reflexión profunda sobre los destellos vitales de una consciencia diferenciada y de un tiempo humano desvelado. “El Hoyo” sería la metáfora acabada  del fastidio, del miedo, de la amnesia colectiva, de la inercia social frente al estigma de la marginalidad, de la indefensión infantil, de los telerelatos metafísicos del terror, de la cosmética de la violencia, de la cultura apocalíptica, de los seductores “oficios de tinieblas”  del poder político y de la misma  des-esperanza que  en esta efímera opulencia del instante resiste como la sombra de todos los viajeros.

En efecto, la poética de Luz Severino se retroalimenta desde una persistente práctica reflexiva en torno a la  historicidad, al contexto sociocultural y a su propia experiencia existencial,  pero sobre las remisiones del título se imponen los efectos  estéticos de sus  obras recientes y en este aspecto ella obtiene unos resultados excepcionales en cuanto al esplendor,  síntesis expresiva y  depuración formal de un lenguaje propio que desde los cimientos de su precisa informalidad, desata su contínua transmutación.

“Salir del Hoyo”  podría también situarnos ante la opción de la fuga  constante,  vital e identitaria que le ha costado a Luz Severino las marcas de la nostalgia  y del desarraigo.

El viaje y sus transmigraciones le han revelado el camino de la libertad, del sueño, del amor y la imaginación.

Pero desde la fuga ella ha seguido siendo la misma Luz, discreta, reconcentrada, tierna, sensible e inspirada alquimista de  utopías como  preciosas y reveladoras tentativas simbólicas.

Superficies calcinadas, materializadas  a base de su extraordinaria polisíntesis estilística que resulta en una trama dial?gica de espejos desde cuya matericidad irradian las discretas emanaciones  de un fuego interior;  territorios de íntima vigilia que admiten sus distintas lecturas y apropiaciones despejadas.

La fuga instintiva a la “velocidad de liberación”, el viaje destinado desde y hacia los fértiles azares de la imaginación, imponen a Luz Severino las marcas existenciales del desarraigo y la nostalgia.

Pero, ese mismo viaje le ha hecho ganar la luz para devolver a su pueblo las imágenes incontrastables de una ética cotidiana: la luz del buscador y lo buscado, la luz de las tierras encendidas, de los toques marinos y celestes controlados, de los siennas difuminados, de los ocres y verdes  exquisitamente insinuados.

Aquí estalla la luz des-enterrada  desde las  infinitas veladuras que cristalizan las grisallas de la tarde en el Trópico abrasado.

La escarbada luz de intramuros; la luz solar que quema toda piel, cada fachada y estalla en las miradas.

  La luz del “salto” hacia el asombro, hacia los volátiles recintos del silencio. La luz de los caminos y desiertos excitantes,  la luz del polvo trascendido.