Arthur Cecil Pigou 1929

Arthur Cecil Pigou fue un eminente economista inglés condiscípulo de John Maynard Keynes en la famosa Cambridge University que preconizó el monitoreo del Estado en las finanzas privadas, mientras Keynes auspició la inversión colosal del Estado en la primera gran tragedia financiera de 1929, como método de superar el sunami económico que barrió con los recursos de los ahorrantes.

Fue en 1929 que Pigou, digno de un Nobel de Economía póstumo, sobre todo hoy que su receta dispone de tanta efectividad como vigencia en el control de las fallas del mercado para regular su eficiencia y prevenir eventuales desajustes, lanzó su clarinada de prudencia.

Pigou quizás fue el primero que alertó de la proximidad del lobo maligno de la especulación en que a ratos incurre el capitalismo salvaje, voraz y no regulado, como aconteció 78 años más tarde de su tesis cuando los créditos subprime del sector inmobiliario hicieron crisis en 2007.

Fue un crítico temprano y luminoso del laissez faire que preconizó Adam Smith y que resultó ser el soterrado villano de las tragedias financieras más traumáticas de los siglos XX y XXI.

La tesis de Pigou cobra extrema importancia y/o vigencia porque cuestiona la connivencia culpable de las llamadas “calificadoras de riesgo” que tienen sus nombres en Moody’s, Standard & Poor’s, Fitch, y como Lehman Brothers, Citigroup y Goldman Sachs impulsaron y aceleraron a fondo la especulación avalados por los villanos del crédito sin límite, a sabiendas del resultado final.

Todo este desbarajuste, sin excluir de las culpas a la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, provocaron la desgracia económica planetaria con el estreno de los “activos tóxicos”, un eufemismo del vagabundismo y el permisivismo que preconizó Pigou cuando Fannie Mae y Freddie Mae sonaron las trompetas al borde del Averno.