Artistas pintan los colores de la violencia de género en Guatemala

Pinturas en la pared

Guatemala.- El de la violencia de género es un dolor frío, un dolor que no se pinta con una paleta de rojos pues la violencia contra las mujeres es más que las manchas de sangre que dejan tras de sí las 621 fallecidas de 2015 en Guatemala.

A estas sensaciones se une la soledad, la tristeza perenne y la impotencia de una vida secuestrada, porque la violencia de género es “una paleta infinita de colores”.

Esta es la desazón que cuentan a Efe algunos de los artistas de las más de 70 obras que conforman la exposición que se puede ver estos días en el paraninfo de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Cuando lloran, las víctimas del maltrato inventan colores, porque sus lágrimas, en un tiempo rojas de furia, van diluyéndose en la desesperanza. Entonces se tiñen de morado, de rosa, hasta que desaparecen, ya traslúcidas.

Es lo que David Estrada, estudiante de arte, ha bautizado como “Lágrimas de Sangre”. “Los colores, rosados, morados, son tonos fríos que representan la tristeza que sufren las mujeres cuando son agredidas”, explica el autor a Efe minutos antes de inaugurar la muestra.

A unos centímetros, una mujer desnuda, doblada sobre su pecho, agacha la cabeza para no mirar la sombra de la que no puede librarse. Una oscuridad que atrapa a miles de mujeres, incapaces de deshacerse de las ataduras de la dictadura patriarcal. “Impotente y Vulnerable” es el título con el que David Estrada bautizó esta obra. Mas la violencia contra la mujer es sobre todo roja.

Un rojo intenso, hiriente, como el de la mancha que deja tras atravesar la sien de una joven que no deja de gritar. Ese grito de pánico es lo que se observa en “un grito silenciado”. “La pistola es la forma más común de matar”, explica su autor, Edward Balmaseda.

Y los datos lo constatan. Más del 60 por ciento de las víctimas de lo que va de año han sido asesinadas con arma de fuego, según las cifras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF). En Guatemala, la violencia contra las mujeres no es solo física. Hay también una violencia psicológica, sexual y económica.

La violencia de la discriminación. Y ningún colectivo sufre más el desprecio moral que la comunidad indígena. Sus hijas, desprovistas de los trajes azulados de sus ancestros, son confinadas en las tareas domésticas, privadas de cualquier educación.

Para esas niñas el “Futuro incierto” se difumina en un horizonte gris que muchas no llegarán a ver. Un brochazo rojo las atravesará. “Muchas de estas jóvenes no tienen futuro. Eso es lo que representa este cuadro”, explica su autor, Dany del Valle.

El secuestro de las miradas es una constante en los lienzos de esta exposición. Hay ojos recluidos en sí mismos y párpados vencidos de tanto luchar. Hay también mujeres que ya no saben soñar y niñas que alzan sus brazos con los movimientos de la tramoya. Son, en palabras del profesor Maugdo Vázquez, invitaciones “a la reflexión”, invitaciones para descubrir los colores de la violencia de género en Guatemala.