Así define Julio Franco mal ejemplo dan algunos jugadores a los niños

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POR JOE LAPOINTE
DEL NY TIMES
BOSTON.-
Julio Franco todavía no está listo para sentarse, pero ya tiene muchos asientos, pero ninguna mecedora. Algunos están en las gradas en el viejo estadio en Cleveland, donde jugó los primeros años de su carrera con los Indios. Otras en el viejo parque en Arlington, Texas, donde jugó a mediados de su carrera con los Vigilantes.

“Esos estadios ya los tumbaron, y me alegro de tener muchos recuerdos”, dijo Franco, cuyos Bravos regresaron a casa ayer luego de un difícil viaje de dos semanas para enfrentar a los Metros en una serie de tres juegos.

“He jugado en los dos Comiskey; en el viejo y el nuevo parque en Arlington; en el viejo Cleveland y en el nuevo; el viejo Detroit y el nuevo; el viejo Milwaukee y el nuevo”, dijo Franco. “Tuve el placer de jugar en Washington el otro día. En ese nunca había jugado”.

También ha jugado en Japón, Corea del Sur, México, y por supuesto, la República Dominicana, su hogar, durante el invierno. El sábado en la noche contra los Medias Rojas, Franco jugó en el Fenway Park, y empujó una carrera con un largo doble al central para ayudar a Kyle Davies a ganar su primera aparición en las mayores.

El día en que Davies nació – 9 de septiembre de 1983 – Franco terminaba su primera temporada completa en las mayores. Cuando Davies se presentó al clubhouse tras ser subido de las menores el sábado, Franco fue uno de los primeros en saludarlo.

“Se me acercó y fue algo como, “Oye, mereces estar aquí, sal con todo el corazón y gana”, dijo Davies. “Eso te hace sentir mucho mejor cuando tienes tipos mayores que te hablan así”.

UN FUTURO MANAGER

En esta etapa y a su edad, Franco se toma una década a la vez. Aunque tiene contrato de un año (US$1 millón) y cumplirá 47 el 23 de agosto, Franco dijo que pretendía jugar hasta los 50. Luego quiere dirigir.

Sus jefes, el gerente general John Schuerholz y el dirigente Bobby Cox, dijeron que podría ser bueno para el puesto. “Lo que le ayudará es su pasión por el juego, su conocimiento, su ética laboral y su determinación”, dijo Schuerholz.

Franco habla español e inglés y ha añadido un poco de japonés y coreano a su repertorio, lo que le podría servir en un deporte que se diversifica enormemente.

“No afecta”, dijo Schuerholz. “Lo vi hacer una odisea por el mundo. ¿En qué parte del mundo está Julio Franco? Así fue que lo encontramos”.

Eso fue entre 1995 y el 2001, cuando los Medias Blancas se rindieron y los Indios lo consiguieron pero lo cambiaron y Milwaukee lo dejó ir y Tampa Bay le dio un turno al bate exactamente. Schuerholz y los Bravos lo adquirieron desde los Tigres de Ciudad México.

Franco promedió .309 con Atlanta la temporada pasada. Este año se convirtió en el pelotero más viejo en robarse una base y el segundo más viejo en sacar la bola del parque. “Un gran tipo, un gran comunicador, un tipo inteligente, lo tiene todo”, dijo Cox. “No hay nada que no sepa del juego. Lo ha visto todo”.

Y también ha hecho mucho.

CAMBIO RADICAL

El Franco de hoy en día – seis pies y una pulgada y 210 libras, con músculos como los de un fisiculturista, cabeza afeitada, hablando frecuentemente de Dios y la grandeza del béisbol y los Estados Unidos, su nación adoptiva – es muy diferente al siore de 155 libras que comenzó con Filadelfia por 16 encuentros en 1982 para reemplazar al lesionado Mike Schmidt en el roster de los Filis. Eso fue cuatro años después de firmarlo en 1978 en San Pedro de Macorís.

En su juventud, Franco disfrutó el status de estrella y la vida nocturna, una vez en un viaje a Nueva York lo hizo de tal forma que la siguiente tarde no se presentó a un juego vespertino en el Yankee Stadium. En la República Dominicana, fue apresado por posesión de una pistola. Una vez, llevó un Rottweiler al estadio.

Su transformación comenzó al dejar de beber y asumir el fisiculturismo. Luego vino el despertar religioso en 1991, durante un servicio eclesiástico al que asistió con su hermano, unos meses después de ganar el título de bateo de la Liga Americana con promedio de .341.

“Todavía rezo mucho”, dijo Franco con una sonrisa, negándose a confirmar si todavía reza tres horas diarias, como una vez dijo.

Ha dejado de levantar tantas pesas, reemplazando parte de eso con estiramientos con bandas elásticas. Frank Fultz, el coach de acondicionamiento, dijo que ocasionalmente recibe consejos de Franco.

“Y yo tengo varios títulos avanzados en este negocio”, dijo Fultz. “Realmente tiene un buen dominio de la relación entre los ejercicios y el béisbol. Está comprometido a comer los alimentos adecuados. Nunca exagera con los gramos de grasa”.

Franco prefiere comer varios alimentos pequeños en vez de tres grandes. “Le gusta la orientación de la proteína a través de alimentos orgánicos”, dijo Fultz. “Le gusta mucho el pescado y las carnes limpias”.

Hace muchos años, Franco se molestó públicamente cuando otro pelotero especuló que podría haber usado esteroides para ganar su impresionante masa muscular. Ahora, con las audiencias congresionales relacionadas a su uso en los deportes profesionales, Franco fue cuestionado sobre ellos.

“Horrible”, dijo. “Estoy preocupado por el juego y la juventud. Estoy preocupado por el ejemplo que damos a los jóvenes. Estoy preocupado por mis hijos. Con suerte no se involucrarán en eso”.

La guía de prensa de los Bravos dice que Franco y su esposa Rosa tienen un hijo, Joshua César, de 11 años. Franco dijo que tenía dos hijos. Al preguntarle si alguno era candidato para las mayores, sonrió enigmáticamente y dijo. “Ya veremos”, antes de añadir que no le gustar discutir sobre su familia. Antes estuvo casado.

VERSIÓN DIONISIO SOLDEVILA BREA