Así no, AMET

Sin lugar a dudas, que muchos de los agentes de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET) abusan del conductor común. Y digo “común” porque son incapaces de ponerle una multa al hijo de un general, de un alto funcionario del Gobierno o de alguien que tenga una “persuasiva tarjetita”.

Pero hace poco fui testigo de un abuso, de esos que ya son comunes y corrientes. Una compañera de trabajo salió del parqueo del diario HOY. Su automóvil había estado más de ocho horas “al tertero del sol” en el parqueo y su cinturón de seguridad estaba sumamente caliente. No bien había doblado por la Ortega y Gasset cuando lo detiene un agente de AMET con una cara de delincuente común “que mandaba madre”.

El agente le exige, con muy malos modales, la licencia a mi compañera de trabajo. Yo me había detenido justamente detrás de ella. Luego le ordena doblar la John F. Kennedy y esperarlo. Después de un breve cambio de palabras la periodista optó por entregarle sus papeles, licencia incluída, recibiendo a cambio un recibo por RD$500.00…monto de la multa que le impuso el sin igual agente.

Ahora, mi compañera de trabajo tendrá que ir a una sucursal del Banco de Reservas, pagar la multa y luego ir a Relaciones Públicas de AMET a buscar su licencia.

¿ Está tan vacío el erario que la búsqueda de dinero se ha hecho tan imperiosa ? Porque 500 pesos por no llevar puesto el cinturón de seguridad es una barbaridad. Sin embargo, esos mismos agentes ven pasar impávidos a motoristas sin cascos y ni caso les hacen. Y está prohibido manejar motores sin casco.

Otro abuso de los agentes de AMET. Un semáforo funcionando (algo raro en un país con un 12 por ciento de electricidad) es el aparato destinado a dirigir automáticamente el tránsito urbano.

Entonces, ¿ por qué rayos un agente de AMET se coloca exactamente debajo del semáforo funcionando para dedicarse él a producir tapones de hasta diez minutos. A mí me ha pasado varias veces, pero la última colmó mi paciencia. El semáforo había dado cinco veces la luz verde, pero el “capaz e inteligente” agente de AMET no le hizo caso. Me desmonté de mi automóvil y con voz firme de “general retirado” le pregunté que por qué estaba haciendo caso omiso al semáforo, enseñándole a seguidas el tapón que se extendía desde la Tiradentes hasta la Abraham Lincoln. Algo vio en mí el citado agente, porque de inmediato permitió el paso a los vehículos que le correspondía, incluso al mío.

Es mi opinión que el mayor general Pedro de Jesús Candelier debe hablar con cada uno de sus agentes y hacerle llenar un “test” de inteligencia. Y a todo aquel que no llegue a 60 puntos, quitarle el uniforme y mandarlo al carajo, con la advertencia de que si mete la mano donde no debe, pasará 20 años muy aislado, por cierto.

Cierto es que el país está quebrado, que los combustibles están por las nubes, que con los recibos de electricidad se asalta impunemente al pueblo, que el ají cubanela está por encima de los 50 pesos, el gas oil a más de 50 pesos también, y es el combustible que se utiliza para traer en camiones y patanas los frutos agrícolas y pecuarios que componen nuestra antigua canasta diaria, hoy convertida en un simple cestito de cabuya y que el gas propano “escasea”, entre otras cosas.

Ciertas son todas estas cosas. Si yo fuera el señor presidente de la República y pensara en mi familia (esposa, hijos y nietos, principalmente) les juro que después de pedirle perdón al pueblo, renunciara al cargo que no he sabido ejercer, aunque haya dicho “eptecientas” veces que “todavía falta mucho por hacer”.

Y no es mucho en verdad. Solo es la renuncia y mi confesión de que no supe gobernar y que dejo el país en la peor situación de toda su historia

Pero, claro, una cosa soy yo y otra es…otro.