Atahualpa Soñé – Inteligencia y educación

Medir la inteligencia de un individuo supone determinar cuantitativamente el grado en que es capaz de retener, comprender, juzgar y razonar, acerca de realidades que se encuentran dentro de su medio.

El fruto del aprendizaje es el conocimiento, que se inicia con las experiencias sensoriales e implica capacidad perspectiva, imaginación constructiva y reproductiva, atención abstracción, juicio, capacidad de razonar. Al igual que implica una memoria implícita que conserva para utilización posterior el material presentado por las experiencias sensoriales y lo rememora para ser elaborado más tarde.

Resulta importante examinar las actividades mentales que son accesoriales a las funciones cognoscitivas; pero dado que varían en la proporción en que participan en las actividades del hombre, no resulta aconsejable someterlas separadamente a un test.

La inteligencia es considerada como facultad cognoscitiva activa, justamente con otras facultades mentales accesorias, tales como: percepción, imaginación, atención y memoria.

Las mediciones de la inteligencia son exámenes de esas facultades consideradas en general, es decir que la prueba afecta más bien al funcionamiento del intelecto que a la formación que contiene.

Los test en cuanto a la educación se refiere, miden la capacidad de triunfar en la escuela o en el trabajo escolar. Sin embargo, los test de inteligencia miden la manifestación de la facultad intelectual en la acción y la conducta. Las potencialidades realizadas, supone en los tests de inteligencia que la conducta del individuo expresa o representa el máximo de que es capaz, deduciéndose de esta conducta o acción del individuo, su facultad intelectual.

El intelecto es innato, pero para que funcione debidamente, son necesarios el medio ambiente y la enseñanza, la cual es un factor constante en la determinación de la capacidad real. Es por tanto necesario determinar o distinguir la facultad innata de los resultados de la enseñanza.

Es también de gran importancia conocer, explicar o distinguir cómo determinar cuáles diferencias individuales se deben a facultad innata, o bien cuáles a los tipos de enseñanzas que los individuos reciben.

Los tests de inteligencia logran superar estas dificultades, por la forma en que están elaborados, además por la manera en que las actividades a que han de ser sometidas al tests se seleccionan de entre las que son comunes a las experiencias de todas las personas.

La psicología hace una significativa contribución a la medición más exacta y más completa.

Actualmente, los tests de inteligencia son pasos definidos hacia el logro de necesidades pedagógicas reconocidas, ejerciendo así una mayor influencia en la práctica educativa del futuro.

La información servida a través de la psicología sobre el cociente intelectual, es la información más importante y comprensiva que pueda tenerse sobre la capacidad intelectual del alumno. Para el maestro es de vital importancia conocer las posibilidades del alumno, al que debe orientar, dirigir e instruir.

Ya han resultado muchas las investigaciones que han arrojado resultados entre la correlación de resultados obtenidos por los tests de inteligencia y los logros escolares. Este aspecto ha servido también para establecer criterios sobre los programas de estudios, los cuales han sido adaptados a las diferencias en la capacidad intelectual. Recordemos sobre este particular que la admisión a los estudios superiores, determinada por el uso de los tests, ha sido marcadamente favorable donde quiera que se establecieran como requisitos o normas.

Una persona puede entender fácilmente cuestiones mecánicas, en tanto, puede resultar torpe aprendiendo idiomas o viceversa. Si el primer aspecto pone de manifiesto la necesidad de utilizar criterios mensurativos para evaluar la inteligencia, el segundo nos enfrenta con el problema de determinar los elementos o aptitudes de que ésta se compone. ¿Con qué lo hacemos? ¡Con los tests de inteligencia!