Atisbando

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
El doctor Leonel Fernández Reyna dio un golpe sobre la mesa y trazó una raya divisoria entre el Partido de la Liberación Dominicana y el Partido de la Liberación Dominicana. ¿Cuál de los partidos es el bueno? ¿Hay un Partido de la Liberación Dominicana bueno y otro malo?

La decisión de mi amigo Leonel se parece a cuando Juan Bosch declaró a la prensa que se retiraba del Partido de la Liberación Dominicana y de la política nacional, que entonces hubiera sido muy bueno.

Uno o dos días después dijo que no había dicho lo que dijo, desdiciéndose por aquello de que “donde digo digo no digo digo sino que digo Diego”.

Aún conservo la grabación de la declaración de Bosch, para que no se olvide.

¿Acaso Bosch renunció de la política, en aquella ocasión, porque la mayoría de los miembros del Comité Central tenía jugosas igualas, sin trabajar, en la Cámara de Diputados?

Esa modalidad de uso inadecuado de fondos públicos, inmoral, no sé si legal, pero una forma de corrupción, fue estrenada por el PLD, de manera pública y defendida. La lista anda por ahí, en las colecciones de periódicos.

Luego vino la risible explicación del ingeniero Rafael Peguero Méndez, entonces dirigente del Partido Revolucionario Dominicano, quien al ocupar la Presidencia de la Cámara de Diputados dividió las botellas que tenían los dirigentes del PLD entre cuatro o cinco dirigentes de su parcela. Incluso

uno que otro dirigente “perjudicado” por la división de su botella, tuvo la cachaza de protestar.

No sé por qué renunciaba Bosch en aquella ocasión, que si lo hubiera mantenido no habría pasado por la ignominia de levantar la mano de su supuesto archirival y compinche, Joaquín Balaguer, en una demostración de que la moral está de vacaciones en la política y la mentira tiene un edificio consagrado en el corazón de muchos.

En aquella ocasión imperó la ambición de quienes se veían con el poder político nacional en las manos, para graduarse de ricos y no trabajar luego de pasar por el gobierno, como ocurrió con muchos entre el 2000 y el 2004: ya tenían suficiente dinero para dedicarse a tiempo completo a la política.

No hay duda: la jugada del doctor Fernández es oportuna, elegante, aparentemente justa, por supuesto que persigue el control total del partido, a lo que tiene derecho si se lo permiten.

Los días por venir dirán de qué modo Leonel se hace con el control absoluto de un partido en el cual algunos dirigentes tradicionales han desafiado el aparato del PLD y salido del redil del poder.

A todo esto hay que agregar que con todo y la teatral salida del doctor Fernández, no se pueden negar algunas lecciones importantes de la convención del PLD:

–hubo, como era de esperar, toda suerte de trampas, bajezas, uso de recursos públicos, presiones etc.

–la rebatiña fue tal que algunos gastaron fuertes sumas en anuncios a colores en la primera página y en páginas interiores de diarios de circulación nacional, en la televisión, en afiches, en banderolas, en vallas; y, pese a los gastos, trampas, abusos y vagabunderías, ninguno de los dirigentes tradicionales fue elegido para el Comité Central.

Ello indica el profundo nivel de disgusto que tiene la base del PLD a la cual se le ofrecieron, como al electorado nacional, villas y castillos que evidentemente fueron construidos adonde llegan las olas o en el medio de los ríos. Eran ofertas de campaña que se llevó el viento ruboroso, avergonzado de tal nivel de propuestas de ejecución imposible.

Por supuesto, con el gobierno en las manos, el doctor Fernández debe alzarse con el santo y la limosna, lo que está por verse es: ¿para qué? Y además: ¿hasta cuándo?

Recordemos que años atrás el PLD trazó una primera línea divisoria: de un lado los corruptos y de este lado el PLD. Bastó con que llegaran al gobierno para que se soltara el loco en ese partido.