Atrapado en su propia tela de araña

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El presidente Medina no se imaginaba que su segundo período presidencial, apenas comenzando y con tan solo seis meses del ejercicio reeleccionista, iba a tropezar con tantas calamidades externas e internas. Y es que su seriedad ha sido estremecida. Y eso después que se ha desatado el lío de la corrupción masiva patrocinado por la Odebrecht para sumergir en el lodo a varios de los más importantes políticos latinoamericanos activos.
Los políticos de los países del hemisferio occidental, fungiendo de funcionarios de los gobiernos del continente, han sido señalados en un torbellino de maniobras ilícitas. Y esto, estimulado por las investigaciones de las autoridades norteamericanas, se ha destapado como parte de una comparsa como si fuera del carnaval brasileño recién finalizado el 28 de febrero. Los políticos creyeron que tenían asegurados sus futuros sin saber la agonía que les llegaría al poco tiempo. Esto se revela cada día con las noticias que llegan desde Brasil, y de las capitales latinoamericanas, con muchos de sus políticos sumergidos en el lodo de la corrupción estimulada y apoyada por la Odebrecht.
Y como todos los escándalos que brotan, aquí en Dominicana se pretende tratar de evadir las responsabilidades y desacreditar las denuncias. Se le quiere colocar el manto clásico del encubrimiento local mediante el desplazamiento de la atención de la opinión pública y jugando al olvido tradicional de los ciudadanos. Y esto por lo clásico de la impunidad nacional que impera en el país desde siempre. Los presidentes casi nunca le ponen atención a las presiones, que en forma de protestas en las calles, son parte de los planes de una oposición vocinglera que hace mucho ruido pretendiendo amedrentar al político en el poder. Todo se aplaca y se aplaza por el interés en clásico mundial de béisbol y la actuación del equipo dominicano.
Si las denuncias en contra de los políticos tenían su origen en los mentideros locales, estas se diluían en poco tiempo. Eran reemplazadas por otras de más impacto, pero siempre con el mismo destino del olvido y de no hacerle caso. La impunidad impera en la política criolla y todos se protegen y confían que los corruptos no se verán molestados por una justicia benigna. Siempre amañada con las sentencias complacientes para los sectores políticos, de narcotráfico y contubernio con el despojo de propiedades o de terrenos del Estado a otros sin fuerzas para hacer valer sus derechos.
En el mundo local lleno de denuncias siempre existe algo sazonado para incordiarle la vida a los políticos, artistas, militares, sacerdotes u hombres públicos. Todo se diluye con el tiempo y nadie se acuerda de lo que fuera tan debatido por todos los medios, incluso por las redes sociales tan de moda y que tantas mentiras propalan diariamente. Al poco tiempo ya nadie se acuerda de lo que ocasionó tanto impacto y la vida continua tan campante y manteniendo las mismas prácticas corruptas de continuar con lo mal hecho.
Sin embargo, ahora una enorme nube de hechura brasileña se ha cernido en el cielo del Hemisferio americano. La misma amenaza embarrar las reputaciones de decenas de políticos, militares, burócratas y jueces que graciosamente se han plegado a una danza de los millones de dólares que tenían su origen en los capitales de los bancos brasileños de financiamiento. Era un dinero que se invertía en obras de capital a construirse en nuestros países con el apoyo, previamente estimulado, de importantes líderes brasileños. Estos viajaban a países del hemisferio o invitaban a sus pares del continente para convencerlos y agasajarlos con las bondades de las obras construidas por contratistas brasileños como la Odebrecht. Allí se encerraban los beneficios colaterales en obras sobrevaluadas a esa aceptación del dinero carioca. Pero ha estallado de mala manera el globo que encerraba en un velo de misterio de tantas complacencias y prosperidades repentinas con la vergüenza consiguiente para todos los políticos involucrados. Ahora están de moda las persecuciones judiciales.
Y la tela de araña en un enmarañado despojo de recursos ha llegado al país en donde nos consideran mundialmente como uno de los paraísos de la impunidad. Parece que al fin se han estremecido los dominicanos que ya se sacuden de ese calificativo. Aquí lo normal era la convivencia de los honestos con sus corruptos favoritos. Y esa tela de araña va envolviendo a los más altos niveles del poder dominicano. Costará muchos esfuerzos y aclaraciones para no verse sumergidos en la ignominia de la debilidad de aceptar cuantiosos sobornos. Estos eran para financiar campañas políticas o contribuir a la prosperidad de muchos funcionarios y políticos y por igual a los contratistas brasileños que declararon que en el país entregaron 92 millones de dólares para tener vía libre para sus negocios.