Atrapados entre el continuismo y el reemplazo

O1

Los dominicanos estamos atrapados en dos vertiginosas tendencias de los políticos para unos prolongarse en su mandato y otros con las esperanzas de un reemplazo, todavía cubierto por una nebulosa de las incertidumbres, ambiciones chocando entre sí, sin contar con un programa de gobierno creíble y factible.
La reelección, como figura constitucional impuesta mediante la compra de adhesiones y compromisos para los beneficiarios continuar disfrutando de las ubres generosas del Estado, se aceptó con tan solo convencer a los que eran renuentes a esa acción con la confirmación en sus mandatos legislativos y hasta municipales en un mercado abierto para borrar cualquier vestigio de dignidad que pudiera albergar algunos de los políticos legisladores o alcaldes que no querían plegarse a la corriente continuista del poder peledeísta.
La conformación de una tendencia para no querer continuar gobernados por la arrogancia de los peledeístas tomó cuerpo de una manera tímida con los líos de los perredeístas, que manteniendo su tradición histórica se dividieron, donde los dirigentes más destacados pretendían imponer sus ambiciones y designios disfrazados del famoso sacrificio de los políticos y que una forma u otra, aun siendo rabiosos opositores, algunos reciben algún tipo de prebenda oficial para mantenerlos en un perfil de oposición que no soliviante las insatisfacciones sociales de los pobres.
La conformación de la tendencia opositora hacía su aparición a medida que pasaban los meses y el gobierno iba perdiendo su lustre inicial de unos índices de aceptación superior al 85% en febrero del 2013 después del anuncio de la revisión del contrato de la Barrick, pero surgió el desencanto y se perdió el lustre de esos primeros meses cuando el impacto y el entusiasmo era grande por el arranque del programa de alfabetización, la construcción de escuelas, el sistema 9-1-1, la tanda extendida, la remodelación de hospitales, las estancias infantiles, las nuevas carreteras y la atención al turismo y a la agricultura.
Los grupos opositores han ido creciendo con el paso de los meses, así como el transfuguismo a marcha acelerada con un inaudito cambios de lealtades políticas, conformando un panorama singular en donde el índice actual de aceptación al poder oficial refleja un disgusto generalizado de la población, pese al elevado índice de crecimiento del país de un 7%, por lo que se especula en los corrillos de los expertos políticos de una posible segunda vuelta electoral, de manera que el pueblo estaría castigando a su presidente reeleccionista para que brote en él y sus seguidores más leales la angustia de los imponderables de una segunda vuelta.
Todavía el PRM y su candidato no concentra el fervor popular, tan solo existe una difusa aspiración de un cambio que nos sacuda del egocentrismo de los peledeístas oficialistas que todavía proyectan la imagen egoísta de creerse superior a sus semejantes, pero la imagen del presidente se vende como muy cercano a sus conciudadanos con un rostro de humildad y de un interlocutor de fácil acercamiento.
Las posibilidades de Danilo Medina para su eventual reelección en mayo son muy altas, aun cuando se recurra a una segunda vuelta y pese a los errores que él y su entorno han ido cometiendo desde el reciente caso de proclamarse como lo supremo de la honestidad y que gana en primera vuelta, permanece el apoyo bastante compacto ya que el pelotón de Luis Abinader no termina de consolidarse en el corazón de los votantes que temen que caiga en las manos de algunos de sus compañeros más destacados, reconocidos por sus acciones del pasado cuando ya hace más de doce años disfrutaron en abundancia de las mieles del poder con resonancia mediática de sus acciones.
Ya estamos en la chercha electoral. Con ese pan y circo que se promueve con las elecciones generales, que han sido bien organizadas por la peculiar Junta Central Electoral, que pese a sus disidencias internas ha logrado mantenerse compacta a la hora de las decisiones en favor del evento, en que los ilusos dominicanos ponemos todas las esperanzas de un mejor porvenir y por eso descuidamos el mayor evento popular de la ocasión que es nuestro carnaval de Cuaresma, tan tradicional y expresivo de la naturaleza de la raza dominicana, ya que en plena celebración de las penitencias que manda la Iglesia, es que con más fervor volcamos el entusiasmo en esas festividades de dar rienda suelta a los placeres y olvidarnos de la lucha política en desarrollo y efervescencia.