Auge de la drogadicción narcotiza y potencia la delincuencia en la RD

Auge de la drogadicción narcotiza y potencia la delincuencia en la RD

Veinte años de continua expansión estimulando una drogadicción que enciende el fuego de la violencia dentro y fuera del hogar, demuestran que el método aplicado para contener el microtráfico de drogas ha fracasado, que sin dilación se impone un cambio de visión en el abordaje de esta problemática con desgarrantes dramas personales y familiares.

Evidencian la necesidad de una plataforma integradora de propósitos y voluntades, de esfuerzos y recursos que permita superar la dispersión que caracteriza el accionar de las instituciones responsables de frenar el consumo de estupefacientes.

Como el narcotráfico, embestido en los últimos meses por la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), la comercialización de narcóticos a menor escala amerita que se desmonte su estructura operacional. Cortar las redes de complicidad que lo sustentan, centrar mayor atención en la droga consumida en el país, esa que deteriora cerebros, trastoca conductas y potencia el delito.

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Aplicar de manera sistemática, continua, políticas con un enfoque multisectorial, vinculando a las instituciones de prevención, represión, coerción, rehabilitación y reinserción social. Trabajar con universidades, investigar para generar información acerca de este problema en todas sus dimensiones, propiciar una dinámica social que integre a los sectores público y privado, a la familia, la escuela y la comunidad.

Perniciosos efectos

Protegido por agentes policiales y antinarcóticos, sin un efectivo plan para reducir el consumo, el microtráfico se convirtió en un fenómeno de alta peligrosidad, impulsando la delincuencia y criminalidad, la promiscuidad sexual y embarazos prematuros.

Desde que la droga apareció con billetes de miles deslumbrando a jóvenes y adultos de todos los sectores sociales que optaron por venderla y consumirla, se incrementó la drogadicción, desestimulando el estudio y el trabajo.

Y sigue creciendo sin que exista un centro estatal especializado en la rehalitación de adictos. Marihuana, cocaína, crack, heroína y otras que suelen combinar con alcohol y fármacos controlados, práctica que repuntó con la pandemia de covid-19, al igual que los videojuegos, hookah y otras adicciones.

Acciones Impostergables

El auge de la drogadicción y criminalidad reclama eliminar los “puntos de drogas”, que reaparecen tras ser desmantelados.

Cortar las intrincadas redes de contubernio de este próspero y ensangrentado negocio que, entre sus operarios, no repara en utilizar niños y adolescentes. Son acciones prioritarias como ampliar el acceso a tratamientos de rehabilitación, dotar de recursos a instituciones como Casa Abierta y Hogares Crea.

Impostergables como la participación del hogar y la escuela, planes educativos permanentes y campañas de concienciación, actividades deportivas y de recreación que tiendan a evitar que el tráfico y consumo de sustancias prohibidas siga atrapando víctimas.

Expertos insisten que la lucha contra el microtráfico, que no se deslinda del narcotráfico que lo nutre junto al contrabando fronterizo y otras fuentes, debe ser parte de un entramado mucho más amplio que la represión y coerción. Estar integrada a un modelo de desarrollo que priorice políticas de educación y empleo, acciones efectivas _no clientelares, contra la pobreza y la desigualdad.

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Identificar las causas que inducen a este delito para prevenirlo, proteger a niños, niñas y adolescentes. Impulsar proyectos públicos y privados que garanticen la inserción de los jóvenes al mercado laboral, a fin de que por falta de oportunidades no tengan que abandonar los estudios. Apoyar emprendimientos productivos que ayuden a su desarrollo.

Y, sobre todo, desterrar los modelos de corrupción, consumismo y placer que inducen a la búsqueda de enriquecimiento rápido, fácil. Nocivos ejemplos para jóvenes que se criaron siendo testigos de funcionarios, militares y empresarios que crearon enormes fortunas con el narcotráfico, el lavado de activos y desfalcando al Estado.

Un potente y pernicioso inductor que persistió impune durante veinte años en los que la drogadicción creció a la par que el narcotráfico y el microtráfico, ante la permisividad, participación o connivencia de sectores de poder político, económico y social.

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