Auscultémonos

No siempre guarda relación la forma como criamos a nuestros hijos con la forma en que nuestros hijos se desarrollan.

Mucho se ha escrito, más aún se ha hablado, sobre la importancia que tiene la educación del hogar.  Predicar con el ejemplo y demás.

Aún así, hemos visto, con bastante frecuencia en los últimos anos, cómo hijos de hogares ejemplares conservan en su adolescencia y posterior adultez modelos de conductas totalmente ajenos a aquellos con los que fueron criados.

Las generaciones, al parecer, están decayendo.  Hijos de padres ejemplares observando conductas que van más allá de lo indecoroso.

¿Qué está fallando?  ¿Qué está haciendo falta?  La inversión de valores, el afán de ostentar. ¿Cómo surgen estas debilidades? ¿Dónde está el vacío? ¿Qué hace falta?

Nunca como ahora se trabaja en este sentido. Talleres, cursos, seminarios, retiros, agrupaciones religiosas, todas unidas con el mismo fin: sembrar valores.  Pero, ¿adónde van esas enseñanzas?  Más bien, ¿dónde se quedan?

¿De qué ha valido el elevadísimo gasto en educación? Las reuniones familiares, el ejemplo.

Se precisa urgentemente una revisión a lo interno de cada uno de nuestros hogares para frenar el descalabro social que estamos viviendo.

La sociedad es el reflejo mismo de lo que trasmitimos en nuestros hogares. Volvamos al inicio. Implementemos los modelos educativos con que nos criaron a nosotros.  Tanto hogares como centros de educación deberían revisar sus programas porque, en definitiva, algo está fallando.

Tal vez no sea fácil dar con la causa que origina el mal pero peor sería quedarnos con los brazos cruzados y seguir implementando patrones de conductas que, en definitiva, no están aportando solución al problema.

La sociedad, más que salpicada, está embadurnada de una generación vacía, sin voluntad, que la hace presa fácil de cualquier tentación. Auscultémonos.