Autobiografía sintética, a medio camino

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
j.baez@codetel.net.do
Nací el 17 de abril de 1958 en la Clínica Internacional y mi primera casa estuvo en la calle Lea de Castro en Santo Domingo. Creo, a juzgar por mis recuerdos, que mi infancia fue feliz, aunque transcurrió en un período de cataclismos políticos que culminaron con la revolución del ‘65, de la cual recuerdo vivamente ciertos detalles, entre ellos que una bala mató un amiguito vecino.

Tuve la dicha de padres que se ocuparon de satisfacer mis curiosidades. Me instruyeron en inglés y educaron en castellano. Aprendí sobre la cacería y la pesca y pasé muchas horas de meditación en las profundidades del monte. Fui monaguillo en la parroquia Santo Tomás de Aquino, hasta un día que un enorme pastor alemán que los dominicos tenían amarrado en el fondo del patio quiso arrancarme una pierna mientras maroteaba un hermoso y fragante mango. El grueso y pesado pantalón de fuerteazul me protegió y apenas quedé con rasguños, pero el incidente eclipsó mi vocación religiosa. Tardé años en volver a misa aunque nunca dejé de orar. Tuve y tengo perros.

Quise ser abogado y he terminado siendo periodista. También quería ser periodista; cuando muchacho mecanografiaba una hoja, “El Eco”, cuyos lectores eran mis padres y sus amigos. Luego, en la secundaria, seguía infectado del mismo virus, y dirigía el periódico y la revista literaria del colegio. Un verano, ya en la UNPHU, comencé a trabajar, creyendo que sería sólo por un par de meses. He pasado la vida entretenido con un oficio que ha terminado siendo profesión.

He sido afortunado en mi elección de amigos, algunos instalados en mi afecto por tres y cuatro décadas. En los casos en que he sufrido amargos desengaños, he agradecido la lección; quizás también he decepcionado a otros que esperaban más de mí. Pero entre los que están, y los que traiga el futuro, me basta para estar agradecido. Estoy bendecido con una familia bellísima. Me enorgullecen mi esposa y mis hijos; mi madre que aún vive; tres hermanos también. Mi papá, mi hermana y un bebé me esperan en el Cielo. He vivido como he querido. Trato de cocinar mejor cada día. No me faltan vino ni salud. Gozo mi trabajo. Viajo menos de lo que quisiera, pero viajo. Ahora veo como muchachos a los jóvenes de setenta… Seguiré reportando.