Autoengaño y esperanza

JOSÉ LOIS MALKUN
¿Acaso ustedes perciben que la economía crece como dice el Gobierno?

¿Acaso ustedes perciben que los precios solo aumentaron un 5% el año pasado?

¿Alguien con dos dedos de frente, cree que ha bajado el desempleo?

¿Acaso alguien en su sano juicio percibe que los apagones se han reducido?

¿Existe algún iluso, que crea la historia de que el Gobierno, está invirtiendo lo que debe invertir en educación?

¿Acaso alguien que no sea extraterrestre y que viva en este país, cree que la salud pública ha mejorado y que hay camas y medicinas suficientes en los hospitales?

¿Habrá algún dominicano que se crea el cuento de la reducción en la criminalidad y la delincuencia?

Párrafo extraído del discurso de Miguel Vargas Maldonado en su proclamación como candidato a la Presidencia del PRD. El cuestionamiento da a entender que nadie en este país puede creer lo contrario. Pero obviamente mucha gente está obligada a percibir que la economía crece y que los precios bajan. Especialmente los funcionarios públicos, los reeleccionistas y los que están pegao al poder. También se esfuerzan en creer que los empleos han aumentado, que la educación y la salud mejoran y que los apagones se reducen. En fin, aparentan creer que todo marcha bien y que el Gobierno hace una labor ejemplar.

Porque de lo que se trata no es de verificar estadísticamente hablando, si estas apreciaciones son ciertas o falsas, sino de que hay que mantenerse en el poder a toda costa, sin importar las consecuencias ni los costos. El autoengaño se internaliza de tal manera en el entorno gubernamental, que la diferencia entre la mentira y la verdad pierde significado. Los que viven solo de la política, porque no han hecho otra cosa en su vida, solo saben teorizar en la oposición y enriquecerse en los cargos públicos y en eso los peledeistas se llevan la corona. Creen que están predestinados a gobernar para siempre y por eso son los que con más desvergüenza usan los recursos públicos para mantenerse en el poder. Ni Balaguer, que fue muchas veces abusivo en esta materia, llegó a los extremos que ha llegado el actual Gobierno cuando de despilfarro se trata. No hablo del PRD, porque estos se preocupan mas en destruirse a si mismo cuando están Gobernando, que arriesgarse a dilapidar los recursos públicos como lo hace el partido en el poder. 

Pero hay otro deterioro más grave que todos los mencionados anteriormente. El de la esperanza. Este Gobierno creó tantas expectativas en la población, que su fracaso rotundo en la administración de la cosa pública, impactó profundamente en el sentir de la mayoría de los ciudadanos. Abrió una herida mortal que podría alterar las futuras tendencias electorales. Porque cuando las esperanzas se pierden es difícil recuperarlas.

Por eso, las nuevas opciones presidenciales que se le presentan al país para su próxima cita electoral en mayo del 2008, tienen que esforzarse hasta lo imposible, no solo por cambiar el discurso político tradicional, del cual todos estamos hastiados, sino en convencer a los ciudadanos de que aun existen posibilidades de que las cosas realmente mejoren. De que no caímos en una trampa insalvable con la politización de ciertos instrumentos de política monetaria. Que el uso indiscriminado, ilegal y corruptivo de los recursos públicos tiene que ser sustituido por otro patrón de conducta con fuerza legal, donde prevalezca la transparencia total y las iniciativas del ciudadano para la asignación de fondos a proyectos importantes. Que hay soluciones y vías de escape para salir de ese callejón oscuro y aterrador en que hoy se encuentra el país. Que se puede rescatar la base productiva y la competitividad, con precios reales, nuevos incentivos, desmonte de la deuda pública y una estructura impositiva totalmente renovada.

Tiene que ser con un mensaje sincero y creíble. No ofreciendo villas y castillas, ni empleos para todos. Mas bien, ofreciendo sacrificios. Austeridad de verdad y no con engaños. Mano dura contra la delincuencia y el tráfico de drogas. Prometiendo desde el primer día de asumir el poder que la reelección será prohibida en la Constitución y enviando un proyecto de ley para dejarlo establecido formalmente.

En fin, un discurso diferente que permita a los ciudadanos abrir de nuevo un espacio a sus esperanzas. Porque los pobres de este país, hartos de que los cojan de pendejos con discursos demagógicos y populistas, también quieren escuchar un mensaje sincero y ver que algo diferente y alentador se aproxima. Este es un gran reto para los políticos dominicanos que aspiran al poder.