Autógrafos y Valiosos Recuerdos

RITA DE MOYA DE GRIMALDI
Soy el baúl de los recuerdos de mi familia. Fotos, escritos y objetos llenos de historia entre otras pertenencias vienen a parar a mis manos. El inventario me resulta interesante. Desde el plato donde comía mi tatarabuelo materno Jesús María Fernández (Papá Grande) que me han confiado para su cuidado y conservación, hasta la hermosa imagen de Santa Rita que ví desde siempre en la habitación de mis abuelitos y que ya hoy engala mi hogar. Hace historia un preciso bolso blanco que una campaña le regaló como recuerdo a mi madre cuando trabajaba en Kettle Sánchez y que, ahora, feliz y elegantemente una de mis hijas lo usa para ir a su trabajo de este verano. Y si sigo -como dicen -no acabo.

Fue Xiomarita Pérez quien, sin saberlo, con uno de sus “Folcloreando” del mes de mayo motivó mis pensamientos para que escribiera sobre el tema de los autógrafos.

Pasaron los días y mientras las ideas se acababan de acomodar en mis pensamientos para salir con cierto orden y descansar en paz en el papel, Noris Céspedes -a quien no conozco- escribió a principios de julio en su “Lectura Comprensiva” sobre su autógrafo, también. Ya no pude más. Aquí estoy porque el autógrafo de la abuela materna de mis hijas ocupa desde hace algunos años un lugar especial en mi casa.

1951 es el año del comienzo de la historia. Lindos mensajes y firmas. Delicados dibujos. Fotos recortadas que refuerzan la amistad.

Cada vez que lo abro puedo decir que tengo entre mis manos los años mozos de mi madre a través de sutiles páginas que aseguraban la vida en rosa, gracias al Generalísimo Trujillo que nos da la paz y seguridad que hemos perdido hoy.

Paso las hojas y se entremezclan los ya tímidos colores con los mensajes y las firmas imborrables de sus amistades tanto del Instituto de Señoritas Salomé Ureña como del Colegio Luis Muñoz Rivera. Teresita Borell, Leda Montás y Alma Stella Lluberes como ejemplo, entre muchas otras. Releyendo el autógrafo, días después de encontrarnos con Naya Despradel en una recepción, fue grata sorpresa encontrar que ella escribió para mi madre: “Para mi amiga Lourdes sinceramente”.

Mi abuelo Eliseo Santana, Don Eli como le llamaban algunos, era el dueño del colmado donde se vendía el mabí más bueno de esta capital, elaborado con la ayuda de su esposa. La ubicación de su negocio en la calle Barahona, frente a la “Dulcera de Bolonotto Hermanos”, favoreció para que el autógrafo se internacionalizara ya que quedaba a la vuelta de la esquina de la gloriosa “Voz Dominicana”, que luego conocimos como Radio Televisión Dominicana (Canal 4).

“Para Lourdes, recuerdo de Celia Cruz” es el mensaje que conserva aún, con fecha 2 de agosto del 1954,  escrito en la XII semana aniversaria de la Voz Dominicana”, primero “La Voz del Yuna”. Pedro Knight aparece, como uno más, entre los integrantes de la “Sonora” que firmaron. Ya en el 1952, el autógrafo tenía como amigos a los mariachis que acompañaron a Miguel Aceves Mejía en ocasión de la “X semana aniversaria”, en Ciudad Trujillo.

Y en los años en que los hombres exigían las páginas azules para firmar, el gran artista mexicano no reparó en dedicar una de color rosa: “Para Lourdes un recuerdo de Pedro Vargas” y en hoja aparte firmó su pianista.

Pedro Infante también dejó sus letras en el autógrafo. Entre otros está María Antonieta Pons, su pianista y el esposo de ésta, un actor mexicano, y los integrantes del “Gran Mariachi Vargas de Tecalitlán”; además, el cantante cubano Crawford. Para “la gentil Lourdes cariñosamente” fue el mensaje de nuestra Elenita Santos y, también se conserva la firma del Director de la Orquesta Angelita. Entre los que visitaron a mi madre por motivo de apendicitis está registrado el nombre de Máximo Avilés Blonda, su profesor de Historia.

Por ahora, me he ocupado de guardarles a mis hijas la firma de nuestro valioso talento nacional Rafael Solano, con fecha del año 2004, cuando junto a mi esposo sirviéramos de enlace para que los estudiantes del Colegio Apostolado le hicieran un emotivo reconocimiento.

Créanme, no encontré otro sitio más indicado para guardar el sencillo pero ya valioso papelito de Hello Kitty dedicado a mis hijas, donde reposa la firma del Maestro Solano, que el autógrafo de mi madre. Solo le pido a mis hijas, ante ustedes, que lo cuiden como mami y yo hemos hecho.

Una cosa es lo que valen esas firmas. No solo de las personas reconocidas que he mencionado. Apreció por igual cada una de las amistades y familiares que dedicaron tiempo y estima a mi madre. Muchos de esos, famosos o no, inclusive, ya no están. Pero deténganse a pensar el puñado de emociones que se logra transmitir de generación en generación. Valores que se pierden. ¿Dónde están? Hoy en día casi no los veo.