Autopista de Samaná: ¿mala, mortal y cara?

Un material aprovechable para fines de hacer precisiones y comentar “pequeñas cosas” y casos en la redacción, lo encontramos en el párrafo de entrada del Ed. o Editorial del Diario Libre, intitulado “Mala, Mortal y Cara”. Apareció en la página 28 del martes 30 de junio retropróximo. El editorial canaliza la opinión que, acerca de temas, acontecimientos y otros contenidos, la editora desea plasmar, vale decir, que el medio de comunicación de masas desea fijar como opinión pública.

En ese inicio del trabajo en cuestión se expone exactamente:

“La ¿/A/utopista? del nordeste, que acorta el camino entre Santo Domingo y Samaná, es un peligro público que le ha costado en vidas y en dinero un /p/oto/sí/ a este pa/ís/. Ese contrato de concesión tiene que ser revisado”.

Hasta ahí la extensión del párrafo de entrada. Es aportación de interés. Se expresa con claridad y propiedad. Está bien medido. Información y comentario de preocupación responsable.

Asumimos el análisis del parágrafo, también desde el punto de vista formal, compromiso que acabamos de imponernos, sin olvido de los méritos preindicados.

El trabajo de marras menciona la palabra /p/otosí con minúscula inicial. Aunque ese término es nombre propio de un lugar o topónimo, que gramaticalmente iniciamos con mayúscula, y que, por ser nombre propio, se escribe /P/otosí: nombre de un monte de Bolivia rico en minas de plata etc.

Con todo esto no termina ahí: Rafael Seco nos enseñó que “el lenguaje es un fenómeno complejo”. Por eso, en el uso referido, se aplica /p/otosí en sentido general, como ‘valer mucho’ o de ‘riqueza extraordinaria’. Por tanto, el empleo con minúscula inicial es correcta ortográficamente.

Sin embargo, en el orden de la fonética y de la redacción del texto, cuando se afirma que la autopista del nordeste, que […acorta el camino entre Santo Domingo y Samaná, es un peligro público que le ha costado en vidas y dinero un /potosí/ a este /país/…], potos/í/ y pa/í/s, colocadas tan cerca en este empleo producen lo que en materia de comunicación llamamos “ruido”, por ser ambas formas de acentuación aguda y la consonancia no es recomendable que se produzcan a menudo en los trabajos en prosa, porque pueden transformar en un “ruido” los sonidos agradables: asonancias y consonancias, en la búsqueda de la eufonía, es un recurso para la rima en las versificaciones. “Un potosí a este país”, no es el mejor encaje rítmico. Caso que usábamos cuando muchachos: “Va /con/ /Con/chita”.

Pero no se puede establecer que consonancia y asonancia estén “desnacionalizadas” en territorios de la prosa. Lo que deseamos decir es que tienen su oportunidad, tanto en prosa como en versificación:

“Si el mar que por el mundo se derr/ama/, tuviera tanto amor como agua fr/ía/, se llamaría por amor Mar/ía/ y no tan solo mar como se ll/ama/.

“Soneto del dulce nombre”, Francisco Luis Bernárdez, argentino.

Alguien me acaba de cuestionar acerca del uso de la palabra /camino/ en la frase […acorta camino…]. Le respondí: Federico Neuman Acosta (Fedecito) y yo, cuando viví dos años como Juez de Paz en Samaná, comentábamos a menudo esa larga “caminata” para llegar a la casa desde distintos lugares. Nos envolvíamos con el término /distancia/ y dejabamos camino al poeta español Antonio Machado en sus manejos certeros de: “Caminante, no hay camino, sino estelas sobre el mar”.