Autovía del Este y autopista del Coral: dos obras majestuosas

El pasado miércoles 27 del mes que discurre, el presidente Danilo Medina inauguró las obras complementarias que unen la ciudad primada Santo Domingo con el polo turístico más bello y atractivo del Caribe. Nos referimos al binomio Bávaro-Punta Cana en el Este del país.

La compañía española CODACSA había iniciado la autovía del Este, pero por carecer de equipos y seguramente de fondos –ya que la construía con los recursos generados por el peaje de Las Américas– sólo pudo llegar hasta el cruce de esa vía con la carretera de San Pedro de Macorís-Hato Mayor. Al rescindírsele el contrato, por el cual el Estado Dominicano fue condenado a pagarle una exorbitante suma de dinero, la terminación de la misma le fue entonces concedida a la constructora brasileña Odebrecht.

Se ha experimentado un cambio del “cielo a la tierra”. El deficiente afirmado y asfaltado de Codacsa fue transformado por Odebrecht en un diseño práctico y armonioso con el entorno, construyendo los desagües y cunetas en los puntos álgidos para evitar las inundaciones de la vía por haber sido construida a ras en un terreno lleno de humedales y manglares.

El señor Presidente inauguró el elevado sobre la carretera San Pedro de Macorís-Hato Mayor; el elevado sobre la carretera que conduce a Ramón Santana y el distribuidor para la entrada a San Pedro de Macorís, que forma parte de los 11.5 kms. que faltaban para unir la autovía del Este con la Autopista del Coral. Calculamos que esas obras disminuyen en más de media hora el recorrido desde Santo Domingo hasta La Romana, ya que eliminaron el tener que pasar por la Sultana del Este.

No obstante, que será formalmente inaugurado el desvío de la ciudad de La Romana, tramo carretero que tendrá aproximadamente 14 kilómetros, ya está abierto al público. Nosotros, que para dirigirnos a Bávaro habíamos sufrido al tener que entrar en La Romana, en donde se perdía entre 30 y 45 minutos, pudimos utilizar este “atajo” que significó, no sólo el ahorro de combustible, hora/hombre, posibilidad de un accidente, sea vehicular o peatonal, sino una auténtica seguridad vial, libre de todos los problemas citadinos y hasta de un cruce ferroviario. Sin embargo, todo esto compensa el peaje de RD$30.00 que hay que versar por derecho de uso de vía.

En una camioneta cargada y con limitaciones por su edad (13 años), hicimos el recorrido Santo Domingo-Bávaro en dos horas y cinco minutos. Anteriormente había que contar con tres horas, si se tenía la suerte de no entrar en La Romana en la hora pico, lo cual acrecentaba el tiempo del viaje por el tráfico vehicular caótico imperante en esa ciudad.

Es justo reconocer que el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), tiene un cuerpo de vehículos auxiliares en la vía que dan un excelente servicio en caso de avería. Pero, ya se nota el descuido en el barandal que impide que los vehículos se salgan de los carriles de rodamiento. En varios lugares, al parecer conductores que se han quedado dormidos han roto estos protectores, sin que las autoridades del MOPC los reparen inmediatamente, lo cual le da a esta imponente vía un aire de dejadez que amenaza convertirse en las destartaladas y peligrosas canaletas de la mal denominada “autopista Duarte”.

Como se sobreentiende que estas dos obras han sido construidas para que los turistas puedan visitar la ciudad Ovandina, con sus monumentos y lugares históricos únicos en América, debe la MOPC designar un equipo técnico que repare cualquier daño a la infraestructura vial tan pronto ocurra, lo cual merecerá el reconocimiento de todos aquellos que circulan por las referidas carreteras. Como expresa su propio eslogan: Manos a la Obra.