Avenida Anacaona, peligrosa

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  La calle.  Esta arteria fue concebida  solo para construir residencias para embajadas acreditadas en el país, y edificios multifamiliares que no pasaran de ocho pisos. Sin embargo, esas normas fueron quebrantadas.

“Para mí, la Anacaona no es una avenida, es una calle estrecha y peligrosa. Van a tener que quitarle diez metros al parque, por tramos, para poder solucionar el problema en el futuro inmediato. Porque la otra alternativa era hacerlo del lado norte, pero ya entonces no se podía, porque estaban vendidos los solares de Los Cacicazgos”.
Al hacer la aseveración, el arquitecto Eugenio Pérez Montás afirma que esta situación se ha presentado debido “a la mala costumbre de los organismos del gobierno dominicano de intervenir en grandes proyectos sin estudiar a profundidad las consecuencias ulteriores, sin planificación, lo que trae como consecuencia que las cosas queden mal. Prueba de esto es el caso de la avenida Anacaona”.
El reconocido historiador y restaurador arquitectónico, conversó en compañía de Rafael Tomás Hernández, ingeniero arquitecto que conoce esta zona desde que era una idea en la mente del presidente Joaquín Balaguer, entonces interesado en construir un gran parque, como el Central Park de Nueva York”.
“Era un reto. Esos arrecifes parecían difíciles de acometer, hasta caminar era difícil”, expresa Hernández, cuyas huellas, al igual que las de Pérez Montás, están impresas en múltiples construcciones de Santo Domingo.
Ambos hablaron del conjunto: Mirador Sur o Paseo de los Indios, Los Cacicazgos, las avenidas Cayetano Germosén y Anacaona. Mencionan otros profesionales involucrados, inconvenientes iniciales, el autor de dar nombres indígenas a las vías del entorno y las dificultades que se presentan hoy en la Anacaona.
Esta arteria fue concebida solo para construir residencias para embajadas acreditadas en el país, y edificios multifamiliares que no pasaran de ocho pisos. Sin embargo, esas normas fueron quebrantadas. El tránsito por esa ruta es caótico. Las lujosas torres levantadas después de edificadas las primeras, sobrepasan el doble de lo establecido.
Pérez Montás conversa indignado sobre esta realidad que previó. “No hay planificación urbana. Los ayuntamientos del Gran Santo Domingo no hacen planeamiento urbano, sino que se limitan a recibir proyectos y aprobarlos o desaprobarlos, cuando la obligación es adelantarse a los acontecimientos” para que no se produzcan casos como este.
“La epidemia de edificios altos tiene consecuencias fatales para el futuro”, exclamó exaltado. Y preguntó: “¿Cómo es posible que a Naco, diseñada para viviendas individuales, con una lotificación de solares limitada a veinte metros de frente, le den permiso para construir torres indiscriminadamente, cortar el terreno, hacerle un sótano para vehículos…? Estoy en total desacuerdo”.
Para él, la ausencia de ordenamiento se debe a que “los ayuntamientos son débiles e inútiles”.
Explicó que mientras más alta es la edificación, “más gente y más problemas hay. La demanda de Servicios aumenta, se produce mayor contaminación ambiental y más densidad. Esa urbanización no se diseñó para esa densidad”, dijo.
Tanto Pérez Montás como Rafael Tomás llevaron al Consejo Nacional de Asuntos Urbanos la preocupación de que se regularán las construcciones “en coordinación interinstitucional”, revela Hernández, pero Pérez Montás parece desconfiar de esa entidad desde que se fue dividiendo la ciudad en cinco ayuntamientos “que no están coordinados entre ellos”.

Violaciones. La avenida Anacaona fue inaugurada el 25 de diciembre de 1970 como parte de un complejo urbanístico junto con la Mirador Sur, plazas, paseos, zona verde, el Paseo de los Indios y la Plaza de la Poesía, obra de Cristian Martínez. Lo Supervisó Obras Públicas, cuyo ministro, Manuel Alsina Puello, pronunció el discurso en la ceremonia. El arquitecto Pablo Mella, constructor de Los Cacicazgos, bautizó con nombres indígenas las calles y avenidas del área.
“Ya en ese momento Balaguer tenía la idea de que la ciudad subiera” y el mandatario contempló edificios para viviendas de ocho pisos para la Anacaona, y le comentó a Hernández: “A mí no me gustaría estar en una octava planta con un temblor”. Lo que buscaba el gobernante, añade Hernández, “era estimular el crecimiento vertical”.
Se inició con las residencias de las embajadas “y se buscó a Eduardo Selman como arquitecto”. También estuvo Milton Ginebra. Eran cinco misiones diplomáticas “y al lado se construyeron viviendas multifamiliares”. En la Anacaona con Pedro A. Bobea comenzó la construcción de los apartamentos, financiados por el gobierno”, explican.
Desde que se construyó la Anacaona, Pérez Montas advirtió que “la vía era estrecha, que todas esas urbanización que se estaban haciendo encima iba a crear una demanda de espacio, no había ninguna vía que cruzara el parque”, significa.
“La primera violación se da después con la construcción del túnel de la avenida Núñez de Cáceres, porque la demanda era tal que requería una salida que no fueran la Churchill ni la Luperón”.
Los objetivos de la Anacaona, señala, eran “limitar el parque, la demanda de estacionamiento había que programarla”. Hoy existe un gran flujo de tránsito vehicular, los parqueos son insuficientes y los moradores de los barrios de ese entorno, también llenos de edificios de apartamentos, se movilizan en automóviles. No solo ellos, esta avenida es un desahogo para conductores de diversos destinos.
Pérez Montás previó ese problema y adelantó, además, que “todos los solares que miraban a la Anacaona se convertirían en torres porque tenían una vista franca al mar, era una propuesta que nadie podía rechazar”.
Entonces hizo sus recomendaciones. “No queríamos quitarle más metros cuadrados a un parque que era estrecho. Hubo que empezar a crear estacionamientos perimetrales que resultaron limitados y pocos, y las cuatro vías que tiene la Anacaona, en ocasiones se reducen a dos. Resulta difícil para el tránsito que genera una urbanización que estaba prevista para dar servicio al mayor parque que tenía la ciudad”.
Bastante incómodo reitera su cuestionamiento: “¿Cuál es el papel de la planificación? Prever los problemas y solucionarlos antes, pero esa propuesta no se entendía y se mantuvo la Anacaona como una calle”.
Pérez Montás construyó una parte del Mirador Sur, junto al arquitecto Manuel Valverde Podestá, y tomó parte, además, en la ampliación del mirador que es la avenida Cayetano Germosén. Dirigió los trabajos del Parque Ecológico. Es director honorífico del Patronato de la Ciudad Colonial, asesor de la UNPHU y del Centro Histórico, para el Ministerio de Cultura.
Rafael Tomás Hernández está dedicado al ejercicio privado.
En el comienzo.
Las primeras viviendas financiadas por el gobierno en la avenida Anacaona estuvieron a cargo del arquitecto Eduardo Selman. Los edificios multifamiliares cumplían con el requisito previsto en cuanto a la elevación. Hoy se concentran en esa vía las más altas torres, quizá no solo de Santo Domingo sino del caribe.
Selman se ha declarado orgulloso de su obra, “que se mantiene con vigencia: los apartamentos escalonados de la Avenida Anacaona”.