Avenida presidente Juan Bosch

UBI RIVAS
Reflota una marcada extrañeza en amplios círculos sociales en relación a que el PLD no se haya percatado que en la capital dominicana existen avenidas que merecidamente ostentan los nombres de los presidentes Antonio Guzmán y Jacobo Majluta y no hay una con el del presidente Juan Bosch.

Debido a que los toros los aprecia mejor el espectador que el torero en el redondel, los que como el suscrito siempre hemos abjurado a enrolarnos en el partidarismo político, en el caso de este servidor, por rechazar la menor reducción en el albedrío de la expresión, que ha sido el leit-motiv de mi accionar en la vida, ponderamos muy mucho, y siempre, las prendas personales del profesor Juan Bosch.

Algunos de sus más allegados conocen de las correspondencias que sosteníamos en 1968-71 cuando el insigne escritor residía tanto en España como en Francia.

Es el escritor y publicista Efraim Castillo quien a ratos recrea a contertulios el que el profesor Bosch, para esa época, propalaba que el suscrito “es como la guadaña, que siega la cizaña”.

El asunto es que a los líderes les resulta inaceptable la disensión, y Bosch no escapaba de ninguna manera de esa sicorrigidez conceptual, y diferimos cuando redactó primero Dictadura con Respaldo Popular y luego El Pentagonismo, sustituto del imperialismo. Y disentir para Bosch, era sinónimo de enemistad.

Eso así, porque interpreté en esas circunstancias, que Bosch en realidad no creía en ningunas de sus dos tesis, y que más bien resultaba un desahogo a su gran resentimiento con el imperio que había propiciado con los sectores oscuros y retrógados de la sociedad dominicana, el golpe de Estado trágico que lo derribó del poder y frustró al pueblo dominicano de los beneficios del gobierno más democrático con la Constitución más avanzada, del 1963, redactada en el país.

Bosch había ganado abrumadoramente las elecciones del 20-12-62 con un margen de 619,491 votos contra 317,327 de Unión Cívica Nacional, y esa inconducta, añadida a la de propiciar la salida forzosa del país en abril 1962 del presidente Joaquín Balaguer, resultaron suficientes para liquidarla y sepultarla para siempre como partido político.

Bosch no solamente fue un político excepcional, el único que ha forjado dos partidos políticos que condujo a ambos al poder, al PRD y luego al PLD luego de abandonar las filas del primero en 1973, además de un excelente escritor, sino un formidable mercadólogo político que con su lema: “Borrón y cuenta nueva”, se anexó el respaldo del trujillismo crepitante que volcó su poder de votos en las elecciones aludidas. Y por 22 años en la Era Balaguer. ¿O no fue así?.

Ningún dominicano escaló tanto en esas tres vertientes, siendo un empírico, como trepó Bosch las más eminentes alturas en esas tres disciplinas.

Sus malgenios y desplantes muy catalanes, realmente son nimiedades en comparación con el legado cultural y sobre todo, de honestidad a carta cabal, que dejó a la sociedad dominicana.

Esos resabios conectados con la intemperancia de Bosch vienen a ser como los lunares en el rostro bello de una mujer.

Todo este barruntar para airear la memoria de propios en el PLD, y allende a la carpa morada, para proponer que el Congreso Nacional, ahora coto absoluto del PLD, introduzca un proyecto de ley contentivo de que la avenida Winston Churchill, cuando culmina la Enrique Jiménez Moya, sea designada con el del Presidente Juan Bosch.

Para los británicos, Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, una especie de generalísimo en la Segunda Guerra Mundial, ha sido el inglés más grande de todos los tiempos, por sobre el rey Enrique VIII que fundó la Flota de los Mares con la que Albión dominó el escenario planetario y sobre la reina Isabel I, pero Churchill, con toda grandeza, ni conoció República Dominicana ni hizo un bledo por nosotros, para que una de las principales vías ostente su nombre.