¡Ay Haití!

¡Ay Haití!

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Daniel Toribio relataba una anécdota jugando con el término depende, cuyo empleo dependía de la voluntad del narrador y cuyo final dependía de la intención del hablante, en consecuencia, el final del relato depende…

Ahora no estamos en una ronda de niños que entre adivinanzas y bromas se divertían con preguntas tan simples como ¿quieres que te cuente el cuento del candao? Y ante tu duda, el preguntón se respondía “ya ta acabao”

La historia de este momento la escribe una realidad elusiva, resbalosa, difícil de agarrar, porque intervienen muchos intereses, la mayoría de los cuales están ocultos y otros están siendo ocultados en una especie de juego del gato y el ratón.

Lo cierto es que, como decía la canción del ratoncito Miguel “la cosa está, que horripila y mete miedo de verdad. La bravuconería, el allante y la amenaza haitiana son tales que suenan, aunque no lo parezca, tambores de guerra.

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La aparición de hombres armados, tropas especiales del Gobierno haitiano, en el lugar donde se viola un tratado entre las repúblicas de Haití y Dominicana, es más que una irreflexiva demostración de una sospechosa torpeza en el manejo de la crisis desatada por los haitianos.

Hay confusión en quién es responsable de la construcción del canal. En Haití no hay un Gobierno con poder sobre todo su territorio y vándalos, asesinos y matones parecen tener la sartén por el mango y, por tanto, hablan duro y alto.

Extrañamente, se crea la crisis y hablan de ocuparse de Haití los países que debieron intervenir hace tiempo, salvo que no se tratara de una política de contribuir al deterioro para aparecer ahora como los salvadores y que todos acepten sus decisiones.

Piense, el río está ahí, como siempre y ahora, de pronto, surge la necesidad de tomar sus aguas, desviarlas, desconocer un tratado que regula el uso de las aguas limítrofes entre las dos naciones, mientras se habla del interés de capitalistas extranjeros, hasta la familia Clinton, de explotar riquezas minerales en el lado oeste de la isla.

Aunque es cierto que Haití no tiene ejército organizado es sabido que hay muchas armas de guerra, dato que confirman la existencia de pandillas tan fuertes, organizadas, bien armadas y decididas y tiene, lo más importante, millones de personas fanatizadas y adoctrinadas con la quimera de la isla única e indivisible.

En el ajedrez internacional cabe crear una crisis humanitaria enviando miles de personas a violar la frontera forzando por cruzar hacia República Dominicana, nuestros soldados tendrían que disparar para contener la avalancha, nadie sabe cuántos muertos, ante la tragedia, intervendrían los países poderosos e intentarían cumplir con el sueño de una e indivisible.
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Remember Kosovo.

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