Ay Jazzito Ponte Gris, y del resto pare de narrar, todo en Quinta Dominica Entre la luna, el cielo nocturno de jazz, era un aplauso silente, para toda la noche

Jazzomanía

1. De la música y sus repertorios y sus músicos también. Habíamos dicho que Gustavo Ubrí le sonreía a la música de esa noche como un gozón embelesado, como estaba también el resto de aquel maravilloso público del 30 de abril en la Quinta Dominica, que bajo el manto de la luna lavada por la lluvia escuchaba placentero las piezas interpretadas por el ya famoso Quinteto Jazzomanía, cuya composición binacional (norteamericanos y dominicanos) ha sido curiosa y relevante, positiva, en una palabra.

Los músicos Stephen Anderson y Edward Thigpen apenas habían ensayado con el grupo dominicano, compuesto además de Guillo Carías, por Guy Frómeta y Gustavo Moré (Cuquito), era el sexteto de Jazzomanía, que mucho esfuerzo había costado.

Aquella noche que otrora todo el mundo veía muy lejos, había llegado y las sonrisas no se hacían esperar.

Con gran tino selectivo y de repertorio, los músicos entusiastas atacaban sus piezas con furor y entusiasmo, la gente se relajaba, cosa que hacía años no observaba en un buen concierto de jazz.

La apuesta estaba hecha, iba a ser una noche de gran música, la que el público del programa de radio Jazzomanía esperaba, ni más ni menos.

Las piezas sonaban, la gente hacía silencio de alegría y estaba atenta al menor movimiento de los músicos, había una comunión perfecta entre el Quinteto Jazzomanía y el público, era visible, se respiraba en el aire y regusto de estar allí aquella cálida noche, día internacional del jazz de este 2014.

Celebración en cierta manera en grande, porque sea dicho siempre todo día internacional del jazz, con la mirada generosa de pentagramas, de Santa Cecilia, patrona de los músicos y las músicas.

La gente aplaudía con fuerza, por ejemplo Stella by Star, la famosa composición de Victor Young o la no menos famosa All Blues de Miles Davis.

Si se analizaran las 11 piezas del repertorio interpretadas por el Quinteto Jazzomanía (*) se verá que esa noche prodigiosa la elección de las piezas fue rigurosa y con sentido de lo jazzístico profundo: Horace Silver (Nica’s Dream); Jerome Kern (All the Things You Are) y Sam Jones autor de Unit Seven y Stephen Anderson no se quedó atrás con su composición Left in Red State, pieza compuesta originalmente para su trío, donde el piano establece desde el inicio un diálogo con el contrabajo acústico y el músico y compositor Anderson muestra su gran calidad como pianista de jazz que tiene manejos de tiempos y compases aplicados con lirismo pianístico y estricta combinación de tiempos.

Para el segundo set, he narrado el primero arriba, autores como Benny Golson (Killer Joe), Frank Loesser (I’ve Never Been in Love).

2. De Juanita Morel a Charlie Parker, algo de swing se mueve en el aire. Sabiendo Guillo Carías lo mono que se pone el público cuando escucha algo de su música, conocedor de repertorios y audiencias, se tenía la suya guardada y puso a Juanita Morel (tradicional del folclore dominicano) a golpe de pambiche abateriado para hacer una fusión merengue-jazz, en la que tanto Guy Frómeta, batería, como Gustavo Moré, bajo, hicieron gala de acople con los músicos norteamericanos Anderson en el piano y Thigpen en el flugelhorn demostrando que el merengue dominicano tiene un espacio para la fusión con grandes con espacios infinitos. Por cierto, Paul Austerlitz tiene también una excelente versión de este mismo merengue grabado en Philadelphia en el 2010, la diferencia entre las dos versiones: la del Quinteto Jazzomanía tocada el pasado 30 de abril, tiene matices pianísticos afolclorizados novedosos, la de Paul está presidida por un clarinete bajo que la hace exótica y voraz, abarcadora y rítmica.

Stephen Anderson (Squeaky), lento, unidos como en quinteto como si fuera el trío de Anderson, la pieza es una acuarela de sonidos descriptivos, el piano en primer plano ordena y acompaña, con fuerza a veces, con suavidad otra, pero en ritmo siempre de conjunto.

Stephen, al margen de ser excelente pianista, demuestra en este concierto que es un compositor de jazz sofisticado, con ritmo y no frío, que es lo que suele suceder con muchos académicos que enseñan esta música y la practican al mismo tiempo, gracias Guillo Carías.

3. ¡Cuando Charlie Parker cierra la noche, la noche debe ser cerrada! Si vamos a cerrar la noche, llamemos a Charlie Parker que vendrá son su sonrisa cansada bajo la luna eterna de los clubes y el eterno insomnio.

Si decimos la noche está cerrada, o decimos queremos cerrar la noche, Parker se pondrá su mejor gala de plata y brillos entre los dedos que nunca estuvieron tan nerviosos como esta noche de Jazzomanía.

Con la pieza Au Privave, el gran concierto del Quinteto Jazzomanía llegaba a su punto más alto, calor de público que le hacía a Charlie Parker para que no cerrara la noche, porque el furor por la música era tal, que Charlie Parker, retrato de colores como un santo garabateado, en las sombras de las luces detrás de los músicos, nos miraba contento entre sombras, con la ternura que nunca tuvo.

Nadie lo notó, su retrato de colores, tocado con un rayo de luz verde como la esperanza, anunciaba que todo casi terminaba por este año, afortunados, como yo, fueron los que le vieron guiñar el ojo cuando sonó Juanita Morel, Charlie sonreía como bendiciendo el cierre de una noche de música alucinante, límpida de espíritu.

Entonces la noche está cerrada, hasta el año 2015, ha dicho Charlie Parker, a una invisible Juanita Morel, que con él arrobó al público. (CFE)

 

(*) El Quinteto Jazzomanía está dirigido por Guillo Carías, flugelhorn, trompeta y armónica. Stephen Anderson, piano, compositor. Edward Thigpen, flugelhorn, Guy Frómeta, batería y Gustavo Moré, bajo. Este grupo fue bautizado con el mismo nombre del programa de radio que lo auspicia. Según la cantidad de músicos hacia el futuro podría variar, podría ser un trío, un cuarteto o un octeto, siempre dirigido por Guillo Carías.