¡Ay! la Policía

¡Ay! la Policía

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

La Policía no es peor ni mejor que el pueblo dominicano. Su conducta, pues, es la de esperar. Sabios y sabihondos, “sabiólogos” y “expertos” van y vienen y no dan pie con bola porque no saben, no entienden, no tienen la experiencia de haber convivido con los problemas de los policías.

Con frecuencia leo y escucho a uno de esos sabios decir que con ajustar los sueldos de los agentes se resuelve el problema, desconocen que el olor del queso entusiasma al gato y…

Contrario a la práctica, es un riesgo muy alto enviar hombres a las calles con armas, entrenamiento y con la barriga vacía, hijos y mujer sin qué comer a mediodía ni seguridad de que tendrán un mendrugo o un buen plátano hervido con un huevo para la cena, y, además, con la obligación de preservar el orden público ¿qué es eso?

El orden público consiste en mantener a soga corta la delincuencia, que nunca desaparecerá, para que los que tienen algo que perder vivan tranquilos disfrutando de sus bienes y de sus dineros mal habidos, fruto del contrabando, la evasión de impuestos ¿y el policía? ¡jalando aire! Esa es una verdad que soslayamos, que no queremos ver, pero está ahí.

Siempre lamento reconocer que el presidente Joaquín Balaguer tenía razón en muchas cosas, él sí comprendió la filosofía con la que nació y se desarrolló el Programa Policial de Integración Comunitaria (PPICO) que consistió en juntar los muchachos traviesos, inteligentes, sin trabajo y sin escuela encaminarlos a los deportes a la escuela, a la iglesia, al trabajo comunitario.

Durante dos años no se aspiró el humo irritante de una bomba lacrimógena en la parte norte de Santo Domingo donde operaba el PPICO.

¿Por qué?, porque el PPICO vació las letrinas, gestionó energía eléctrica, obtuvo que asfaltaran las calles, gestionó y obtuvo una mejoría en el suministro de agua potable.

Todo se logró con limpieza, honradez, la cooperación del empresariado joven y no tan joven, las Iglesia católica y cristianos en general, todos los partidos, los clubes deportivos y culturales, los clubes de madres, las juntas de vecinos y oídos de la Policía que escuchaban y ojos que veían los problemas y contribuían a buscar soluciones.

Así se logró demostrar, una vez más, que los dominicanos siempre hemos podido, basta con que hallemos buenas razones para actuar unidos en causas nobles.

Ese excelente programa, excelente por sus resultados, fue dejado de lado tan pronto como cambió el gobierno. La falta de continuidad, la pequeñez, la vista a corta distancia, la envidia, se impusieron y el programa lo enviaron al fondo de casa del carajo.

Ahora tenemos un invento al que hay que darle tiempo, pero los problemas de hoy son multiplicados por miles.

El orden público consiste en mantener a soga corta la delincuencia

Es gran riesgo enviar a la calle hombres armados con barriga vacía

Balaguer entendió el problema y creó un programa que dio sus resultados

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