¡Ay, si no fuera por eso!

Millizen Uribe

Los presidentes dominicanos siempre se han caracterizado por tener a su alrededor una especie de anillos, como se conocen esos círculos de colaboradores de confianza, que, en algunos casos, cometen el error de engreír al mandatario, al decirle sólo lo que quiere oír.
La cosa es tan seria que hemos tenido presidentes que se han embarcado en fracasos reeleccionistas que bastaba un simple análisis de coyuntura y del contexto para detener a tiempo.
En ese contexto, quienes no participamos del mercado de conciencia y opinamos, no en base a intereses personales, sino a causas y convicciones, nos ganamos el mote de “enemigos del gobierno”, que varía dependiendo de quién gobierne, porque si ese mañana es oposición, automáticamente ya nos entiende “amigos”.
Justamente, en tiempos de composición de instancias como la Junta Central Electoral, la Suprema Corte de Justicia o el Tribunal Superior Electoral, siempre hemos abogado por tener personas independientes y apartidistas, a saber que en su momento les tocará dirimir casos en los que los intereses políticos le quitarían legitimidad.
Cuando hemos asumido y defendido estos planteamientos, nos ganamos más de un boche, porque se nos malinterpreta, señalando que es deseo de la sociedad civil suplantar el rol de los partidos políticos.
Sin embargo, esta coyuntura postprimarias nos da la razón, en el sentido de que, en este país no hay una mayor crisis política debido a que la mayoría de los miembros de la Junta Central Electoral y del Tribunal Superior Electoral cuentan con el aval y respaldo de sectores de la sociedad por entender son personas serias, honestas y que no tienen compromisos políticos partidarios.
Es por eso que pese a la denuncia que hace un sector importante del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), liderado por el expresidente Leonel Fernández, que no debe verse como un pataleo, sino como un derecho que le asiste, no se ha llevado de paso la estabilidad del sistema político porque en este país hay gente que cree en esa junta hay personas honorables, y lo mismo sucede con el Tribunal Superior Electoral, instancia clave en este momento.
Es tanto así, que inclusive movimientos como Participación Ciudadana, antes duramente atacada por el sector del PLD que denuncia el presunto fraude, es hoy día alabada y reconocida la importancia de contar con su trabajo de observación electoral.

Importante pensar, ¿Qué sería de República Dominicana si la composición de la JCE y del TSE fuera tan cuestionada como en épocas pasadas, donde el refajo se veía por doquier y las decisiones, además de profundamente parcializadas, eran predecibles?

Creo importante tomar en cuenta esto para experiencias venideras. Que quede claro, que abogar por la institucionalidad no se trata de j la p. La idea es contar con instituciones fuertes, pero sobre todo legítimas.