Ayuda para la mala memoria

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Un querido y respetado amigo peledeísta consideró que mis artículos semanales sólo hacían críticas al gobierno de Leonel Fernández. Y vino entonces a mi mente la eterna lucha entre los recuerdos vagos y los documentos. ¡Cuán traicionera es la memoria en este mundo en que la lucha por la supervivencia se ha hecho una cuestión heroica! El querido amigo parece haber olvidado cada una de las sugerencias que he estado haciendo a este gobierno durante los cuatro años que ha estado en ejercicio. Que no me hayan hecho caso es otra cosa.

Y me alegré entonces por priorizar la memoria escrita por encima de la memoria oral, a sabiendas de que son estructuralmente complementarias. Desde unos cuantos años atrás he cultivado el hábito de recopilar todos los artículos escritos sobre cada período de gobierno que me ha tocado vivir desde que empecé a emborronar cuartillas. Eso ha permitido medir la coherencia que pudiera tener en mis planteamientos, así como los aciertos y errores. Le llamo mecanismo de control o válvula de seguridad que, sin erradicar totalmente mis pasiones, tiene a la razón en primer plano.

Son tan abundantes los artículos de cada cuatrienio acerca de la situación dominicana que la recopilación llega a parecer un voluminoso libro. La más reciente colección la titulé “Elefante en una Cristalería” y se corresponde con la gestión de gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004). ¡Qué mejor título que ese para una gestión que destrozaba todo lo que le caía en las manos o le pasaba cerca! En ese caso fueron como 70 los artículos relacionados con la gestión de gobierno del Partido Revolucionario Dominicano. El conjunto de escritos permitió apreciar el desastre provocado por los desaprensivos perredeístas, el cual le sirvió a Leonel como justificación de sus propios desatinos y para reelegirse en otro período de gobierno.

Ya tengo recopilado el grupo de artículos sobre esta gestión de Leonel Fernández y son tantos como uno por cada tres semanas de gobierno. Así, cuando haga falta refrescar la memoria, sólo tendría que extender los brazos y revisar lo que escribí. Todavía no tengo nombre para esta recopilación pero estoy seguro de que algo surgirá antes de que Leonel se juramente como Presidente reelegido por obra y gracia del erario. Me encantaría escuchar algunas sugerencias de funcionarios del gobierno para que el título lleve un sabor de novela rosa.

Puedo adelantar que en esta antología leoneliana los artículos reflejan mi ingenuidad al principio del gobierno atendiendo al cariño que, personalmente, le prodigo al Presidente. También se destaca el descubrimiento gradual de que el camino que recorría el gobierno no era el mismo que se había prometido en el programa del PLD. Frustración es el eufemismo adecuado para explicar cuando uno es estafado y sorprendido en su buena fe por un grupo que secuestró el erario ocultándose detrás de justificaciones increíbles repetidas hasta el infinito. Muestra cómo la sobrevalorada dimensión del presidente Leonel Fernández confía que sus promesas pocas veces cumplidas sean asumidas como asuntos de fe. Frustrante también ha sido cómo esta gestión gubernamental parece haber sido dirigida por cirujanos cardiovasculares.

Llegaron a convertirse en los magos del “bypass”. Cualquier exigencia institucional o legal que se les haya interpuesto en el camino de su enriquecimiento lo han evadido sin mostrar rubor alguno. Han ignorado al Congreso Nacional, al Poder Judicial, a la Junta Central Electoral y hasta al PNUD y al FMI y hasta al Partido de la Liberación Dominicana, como si éste no existiera. Han despreciado la Constitución y se esconden detrás de una retórica cada día menos creíble. Narcisistas al fin, nunca admitirán sus culpas y errores. Siempre las hallarán en otros, llámense Hipólito Mejía, el precio del petróleo o la debilidad del dólar estadounidense.

Debía llamar la atención aquello que dijo Pablo, el de los bulevares: “El PLD va perdiendo el sentido de la tolerancia y del respeto a las críticas, incluso a las de la mejor buena fe.” Para probar ese axioma, sacaré más de una copia de la recopilación de artículos 2004-2008 y así, en el futuro, podría mi amigo peledeísta comprobar que, quizás, tuvimos razón en algunas cosas y que ellos nunca quisieron admitirlo.