Azar, chepa, casualidad

Federico Henriquez Grateraux

El número de bancas de apuestas que hay en la República Dominicana es, por lo menos, asombroso. En una ocasión fui a pagar la factura del teléfono de mi casa; en la cola de los que esperaban turno estaba un señor quien me cedió su puesto, diciendo: pague usted primero, si espera a que yo pague, perderá dos horas. -¿Cómo es eso?- Yo trabajo para una banca de apuestas; los teléfonos son muchos; además, tengo que pagar varias sucursales “de la cadena”. Me explicó que el volumen de negocios de algunas “cadenas” es enorme. ¿De dónde salen tantos recursos financieros?

Según parece, las bancas se han convertido en una fuente inagotable de fondos. Economistas, sociólogos y políticos, sostienen las más variadas tesis para explicar el surgimiento de las bancas y su indiscutible “estabilidad” administrativa. Estas averiguaciones son pertinentes; pero no estamos en condiciones de aportar datos confiables. Solo sabemos a ciencia cierta que sus cuentas telefónicas pueden calificarse de extraordinarias. La cuantía de las transacciones debe estar registrada en algún documento estadístico de los organismos encargados de supervisión financiera. Las bancas, obviamente, producen beneficios y llevan contabilidad organizada; también tienen accionistas y asiento social. Se supone que tanto los accionistas como las empresas deben pagar impuestos.

Se dice burlonamente: en Santo Domingo a la casualidad le llaman “chepa”; que hay personas que logran subsistir “de pura chepa”. La casualidad es un concepto que los filósofos identifican con el azar. En Santo Domingo se consideran “juegos de azar” aquellos en los que interviene “la suerte”. Los dados y las cartas son juegos de azar, lo mismo que las loterías. El azar ha sido objeto de diversos acosos por parte de matemáticos y físicos. La estadística, la física probabilística, intentan reducir el misterio del azar.

El hombre dominicano confía en “la chepa”. La suerte le toca a cada persona, en un reparto incomprensible de los sucesos felices; pero la “chepa” es aún más inasible que la suerte. En busca de “la chepa” el dominicano acude a las bancas de apuestas; incluso hay individuos, tildados de “cheposos”, que superan todas las expectativas del azar. Estas bancas presentan enigmas para actuarios; los clientes de ellas, desafían a Max Planck.