Bacá, pacto y poder

La creencia en el Bacá está presente en la sociedad dominicana en distintas comunidades  urbanas y rurales, independientemente de la adhesión religiosa.

Lo mágico-religioso se vincula a otras esferas de la cultura, sobre todo a las relaciones de poder en lo micro y en lo macro. La cultura política se alimenta de pautas sociales presentes en lo mágico-religioso, lo que se plasma en símbolos asociados al poder como el Bacá.

El Bacá es un símbolo mágico-religioso de nuestra cultura asociado a un pacto con fuerzas consideradas “misteriosas” para el enriquecimiento y/o la obtención de poder. Se cree que una persona tiene un Bacá cuando se ha enriquecido rápida y misteriosamente. La persona que tiene el Bacá genera miedo y misterio en la comunidad, no hay confrontaciones con ella por el poder que le da el Bacá.

¿Qué semejanzas existen entre el Bacá y los pactos políticos en nuestra sociedad?

El Bacá como símbolo mágico-religioso de poder y dinero tiene elementos comunes con la vida política en la República Dominicana. Desde la Primera República se reproduce cíclicamente la obsesión de la mayoría de nuestros presidentes y líderes políticos por mantenerse en el poder.

Esta obsesión de poder, presente también en el pacto del Bacá, desencadena la personalización de acuerdos entre dirigentes y presidentes que convierten los procesos electorales en transacciones comerciales despojadas de institucionalidad.

Otra similitud con el Bacá es el sistema de control social que lo refuerza. El último pacto firmado por el Presidente Fernández y el candidato del PRD, Vargas Maldonado, fortalece el sistema de control social que sostiene al gobierno y su partido. El gobierno logra con el Pacto desarticular la oposición política (casi inexistente) y debilitar la independencia que debiera tener el Poder Legislativo del Ejecutivo.

Hace solo dos meses se estaban produciendo movilizaciones sociales en distintos barrios y comunidades del país. Estas resultan de la demanda de intervención e inversión social  hacia el gobierno. Como respuesta el gobierno  ha desarrollado una estrategia de invisibilización.   

Esta invisibilización se logra con la estrategia del “circo” de la reforma constitucional y el pacto. Mientras tanto, siguen agudizándose las condiciones de vulnerabilidad de las comunidades y nadie se hace eco de esta realidad, no existen fuerzas de oposición y el movimiento social está muy fragmentado.

Este nuevo pacto afecta notablemente nuestra débil democracia que cada vez más pierde su carácter institucional y procesual. La reducción de los procesos políticos a negociaciones entre personajes niega la participación de los actores sociales y la ciudadanía y  refuerza la concentración de poder en la figura del Presidente de la República.